5 razones para ir a Bahía aunque no sea carnaval

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Si ya lo sé, hay que bailar y desmadrar en el carnaval de Bahía (Brasil). Pero y si uno aterriza en esta gran ciudad en alguno de los once meses restantes del año ¿hay algo que hacer?

Yo encontré cinco razones no sólo para ir, y con ellas fue suficiente no sólo para disfrutar mi viaje, sino para pensar en no regresar a casa. Y eso que cumplí otro de mis constantes: llegar a un sitio cuando no es la fecha adecuada. Aunque si tomo algo de autoestima, creo que no soy yo el que equivoca las fechas, son los comentarios de siempre los que intentan dejar mal mi agenda de viaje: si visito un destino en verano a chancla cómoda, me dicen que no hay nada mejor que vivir el invierno; si disfruto de un buen festival de jazz nunca falta una sonrisa socarrona que me deja claro que eso que estoy escuchando es nada comparado con el de pop que tendrá lugar dos días después, justo cuando me iré…

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Y con Bahía sucede lo mismo. Cuando aún no me quitaba de encima las 9 horas de vuelo que llevaba encima desde Madrid (eso si, en un vuelo puntual y cómodo de AirEuropa en el que lo único que hice fue dormir y ver un par de películas que pude ver en un Ipad que me ofrecieron), el taxista que me llevaba al hotel tuvo el tino de decirme -quizás antes del “hola que tal” que uno esperaría- “qué lástima que no has venido para el carnaval”.

Entre jetlag y ya una duda existencial de viajero no tuve otra opción que pensar en si lo había hecho mal otra vez. Pero después de cuatro días recorriendo esta enorme ciudad brasileña puedo decir que hay mucho Bahía más allá del carnaval. Asunto que no quiere decir que no volveré algún día a disfrutar de aquellos camiones acondicionados que salen a la calle en el carnaval –conocidos como tríos eléctricos- para ir de un sitio a otro de la ciudad repartiendo samba, axé y todo ritmo brasileño que hará mover el cuerpo, aunque uno sea tan poco dócil a llevarlo a cabo bien.

1. Visita una isla paradisíaca

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

La ciudad vive de cara a la segunda bahía más grande del mundo, y es ahí donde se encuentra un edén flotante que se conoce como Isla de Frades. Para llegar a ella hay que salir desde el puerto de la ciudad en una embarcación que lleva directamente al paraíso, aunque antes se puede disfrutar de la verticalidad de Bahía para después plantar la mirada y los pensamientos en las aguas interminables de la bahía de Todos los Santos.

La isla cuenta con tan solo 6 kilómetros de longitud pero con eso le basta para abastecerte de playas de arena blanca, pequeñas cascadas, una fauna silvestre impresionante –tanto que si lo sabes ¡no irás!- e incluso pequeñas cascadas para quitarse la arena y el calor de encima. Ponta de Nossa Senhora es la playa más famosa ya que además de disfrutar de los paisajes paradisíacos, será inteligente comer mariscos al grill. Pero si lo que buscas tiene que ver con estar casi a solas, entonces dirígete a la playa de Paramana y no le cuentes a nadie este consejo.

2. ¡Lleva a tu estómago a vivir bien!

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Si pusiera en orden los siete motivos, este sería el primero, y tal vez el único. Podría quedarme a vivir en esta ciudad tan solo para dedicarme a vivir una comilona eterna. La gastronomía bahiana es una mezcla donde se han encontrado perfectamente tres ingredientes y que tienen que ver con los tres orígenes de la población de la ciudad: África, América y Europa.

De Portugal vinieron los dulces, como quindins, baba de moza y los licores; de la raíz indígena proviene la carne de caza, las frutas y la yuca y de África, el sabor de vatapá, moqueca, xinxim… si no sabes de lo que hablo, ¡habrá que probarlo!

3. Ruta para acabar con tus ahorros de buena manera

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Del Elevador Lacerda no contaré mucho ya que seguramente alguien te llevará o lo encontrarás mientras recorras la ciudad. Es uno de los íconos clásicos. Pero cuando estés disfrutando de las vistas de la ciudad y de la bahía desde lo alto de este elevador, fíjate bien abajo, en plena costa, en un edificio que tiene más bien aspecto de bodega. Antiguamente eran oficinas de aduanas, pero hoy se ha convertido en el Mercado Modelo, un sitio que ostenta con el placer de ser el de mayor tamaño en cuanto centros de compras de artesanía de todo Brasil, y mira que ese país no es precisamente pequeño.

En el interior habrá que tener resistencia porque hay aproximadamente 200 locales para adquirir máscaras, instrumentos musicales, tallas en madera, ropa y un largo etcétera como pueda ser tu tarjeta de crédito. Y no olvides visitar los bares que se encuentran ahí mismo con la idea de abastecerte de una merecida caipirinha, mientras disfrutas de alguna exposición o exhibición de capoeira.

4. En PELOURINHO se camina y se baila.

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, cuenta con calles y calles abarrotadas de arquitectura colonial barroca portuguesa y por si fuera poco, es perfecto para caminar y caminar entre galerías de arte, centros de cultura, restaurantes o joyas arquitectónicas como la iglesia de San Francisco.

Pelourinho es el centro histórico de Salvador de Bahía –localmente lo conocen como Pelou– un barrio que tiene que ver con los orígenes de la ciudad (1549) donde será necesario gastar suela para ir esquina por esquina conociendo la propia historia de este trozo de la gran ciudad de Bahía y disfrutando del ambiente que los bahianos son capaces de crear en pocos segundos.

Y no dejes de ir a un sitio que desde 1979 está generando un movimiento musical que tiene la gran intención de combatir asuntos como el racismo y el orgullo de los afro-brasileños: se trata de Olodum, con un alma tan pura que ha sido abrazada por artistas como Paul Simon o Carlinhos Brown.

5. Viajeros que llegaron y nunca se fueron.

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Dos hombres que dedicaron su vida a la expresión son suficientes para que el arte quede como el quinto motivo por el que habrá que visitar Salvador de Bahía y no querer volver a casa.

El primero de ellos es Carybé, nacido en Lanús (Argentina) que pronto cambiaría la camiseta para hacerse de corazón (y pasaporte) brasileño, aunque si hubiese existido la nacionalidad bahiana, seguro la hubiera tomado. En el Forte de Sao Diogo se puede visitar una exposición interactiva para descubrir su obra, siempre cercana a la rica cultura y tradición de mística y popular de esta ciudad.

Autor: Carlos Sánchez Pereyra
Autor: Carlos Sánchez Pereyra

Y a pocos pasos, después de caminar por una de las mejores playas de Bahía, Porto da Barra, se encuentra un museo que alberga la obra fotográfica de otro artista que optó por mudar de piel: se trata de Pierre Verger, francés de nacimiento, pero convertido a bahiano. Su obra, un pretexto para ahondar además en el arte fotográfico a través de una museografía de primer nivel. Este edén para los amantes de la lente se ubica en el Forte de Santa Maria.

Me falta por hablar de una visita a la Casa do Rio Vermelho, la que fuera la guarida de uno de los grandes escritores que ha dado Bahía al mundo. Se trata de Jorge Amado. Pero eso daría pie a hablar de seis motivos, y no de cinco como dije más arriba. El asunto es que si uno no se detiene, Bahía podría dar un listado enorme, claro, más allá del Carnaval.


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