13 cosas que solo los adictos a los viajes entienden

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Algunos dicen que es un gen con el que se nace, otras teorías se lo atribuyen a un deseo adictivo de conocer todos los rincones del mundo y compartir con diferentes culturas.

Sea lo que sea, viajes solo o acompañado, cada vez más personas tienen este deseo y algunos incluso lo dejan todo, para dedicarse a una vida de viajes.
Mira estas 13 razones que solo los adictos a los viajes o con el deseo de nunca parar, pueden entender.

1. Te vuelves loco con los mapas

Siempre te han gustado los Atlas y te apasiona tener todo tipo de decoración con continentes y países. Muchos no te entienden, pero puedes pasarte horas mirando un mapa, soñando con recorrer todos esos puntos que se ven tan diminutivos. Un mapa lo es todo para ti.

2. No tienes problemas con el presupuesto

Cuando las personas te dicen que con el dinero que gastas en tus viajes podrías comprarte una casa, un carro, o ropa nueva, sabes que esas personas no entenderán que para ti, un viaje es la mejor inversión y todas las experiencias vividas no pueden ser reemplazadas por un lindo vestido.

3. Eres curioso por naturaleza

Siempre has tenido urgencia por conocer otras culturas, hablar otros idiomas, probar otros sabores, observar otros paisajes. Quedarte toda la vida en un solo lugar, habiendo tanto por conocer, no es la mejor opción para ti.

4. No tienes miedo de conocer a extraños

Sabes que al viajar siempre tendrás contacto con locales y otros viajeros. Más de una vez dormirás en casa de desconocidos e incluso viajarás con personas que acabas de conocer. Desarrollas un sentido de supervivencia que tus amigos que viven en la ciudad nunca entenderán.

5. Puedes vivir el momento

Sabes que algunos de los mejores momentos en tus viajes puede que nunca se vuelvan a repetir, por eso has aprendido a vivir en el presente, sin complicarte tanto pensando en el futuro. En los viajes, así como en la vida diaria, todo puede cambiar en un segundo, cuando vives en la ruta, aprendes a apreciar lo que tienes en el momento.

6. Te acomodas fácilmente a los planes

Además de vivir el presente, eres consciente de que un vuelo perdido, un derrumbe en la carretera, o ¿Por qué no? Enamorarte en la ruta, pueden cambiar tus planes completamente. Al principio era difícil pero con el tiempo aprendiste a vivir con ello y puedes acomodar todo el plan en pocos minutos.

7. No le temes a las enfermedades

Te han dicho que no vayas al Amazonas o al África porque te puedes contagiar de algún virus o algún insecto te puede “atacar”. Haces caso omiso a esos comentarios y sabes que así como puedes enfermarte en casa, también puede pasar a cientos de kilómetros. Tomas las precauciones necesarias pero el miedo no te detiene.

8. Sabes ignorar el miedo

Al principio tendrás miedo, pero después vas aprendiendo a manejarlo y mucho de lo que te decían del mundo o de lo que veías en los medios de comunicación, pasa desapercibido ante tus ojos. La primera vez que viajé sola a un país musulmán tenía mucho miedo por lo que veía en las noticias. Antes de viajar ignoré todo lo malo, tomé muchas precauciones pero días después de estar en la ruta, me di cuenta que hay mucha hospitalidad y cosas buenas que no se ve en los medios.

9. Eres un experto empacando y desempacando

Empezaste a viajar con muchos kilos encima y con el paso del tiempo aprendiste a viajar con lo necesario. Tienes el talento de armar y desarmar cualquier equipaje en cuestión de minutos y has aprendido tips para empacar mejor y más liviano.

10. La “incomodidad” hace parte de la aventura

Muchas horas viajando en buses o trenes, noches enteras en el piso o en alguna silla de cualquier aeropuerto, campings, diferentes camas de hostales, hoteles y casa de locales. Tus amigos no entienden cómo puedes vivir de ese modo o llamar “aventura” a este tipo de incomodidades. Por más que les expliques, no entienden que para ti, todo esto hace parte del plan, de la aventura, del viaje y que lo que es incomodidad para ellos, para ti no lo es.

11. Menos es más

Después de hacer un largo viaje y de tener la habilidad de llevar lo necesario en no más de 12 kilos, te das cuenta que vas simplificando tu vida de tal forma que aguardas con impaciencia el momento de gastar tu dinero en tiempo y experiencias y no en cosas.

12. Cuando regresas no eres el mismo

Tu nueva visión del mundo y las experiencias vividas harán que al momento de regresar sientas que no encajas y estás desorientado. Es completamente normal. Después de un viaje, el regreso no es fácil, porque aquella persona que se fue no es la misma que regresa. Absorbiste un poco del mundo y lo que antes te parecía normal, ahora te parece extraño. Algunas conversaciones no te van a interesar y no sabes cómo explicarle a tus familiares y amigos que gracias a todo lo que viviste y aprendiste, ya no eres el mismo.

13. Nunca es suficiente

El gran problema de viajar, es que te vuelves adicto a ello. Entre más lo hagas, menos puedes parar, no quieres. Ahora conoces la vida viajera y no quieres deshacerte de ella, por lo contrario, estás contando los días para tu próxima aventura.

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Estas fotografías muestran a un pueblo italiano rodeado de coloridas flores silvestres

Castelluccio di Norcia, un pequeño pueblo en el centro de Italia, es conocido por su floración anual (o la fioritura), que atrae a miles de turistas cada año.

Entre los meses de junio y julio, la naturaleza nos regala un mosaico de distintas tonalidades de flores que se posan a los pies de los Montes Sibilinos (Monti Sibillini en italiano), concretamente en la llanura de Castelluccio.

Los campos están llenos de amapolas, acianos, orquídeas, margaritas, violetas y otras flores silvestres. Los agricultores de la aldea se aseguran de no usar pesticidas, y cuando los campos no son un mar de flores silvestres, los agricultores cultivan y cosechan lentejas.

Castelluccio

Los colores predominantes que se van a poder admirar son el rojo presente en las amapolas, el amarillo de los tulipanes, el blanco de los narcisos, el morado de las violetas y el azul de la centaurea cyanus, popularmente conocida como aciano.

Sin dudas, la naturaleza no deja de sorprendernos, al conformar un impresionante escenario digno de admirar y de apreciar en primera persona.

Las lentejas de Castelluccio son un producto muy demandado tanto en Italia como fuera de sus fronteras, en especial durante la Nochevieja. La tradición dicta desde hace siglos, que los italianos en vez de uvas deben comer lentejas y si son las de Castelluccio la fortuna del año entrante está más que asegurada.

Monti Sibillini

Durante los últimos años, la floración en Castelluccio tiene un especial valor por el terrible terremoto de 6,5 en la escala de Richter que aconteció en octubre de 2016 cuyo epicentro se registró entre las localidades de Norcia y Preci, siendo esta zona de la provincia de Perugia la más devastada tras los movimientos de tierra.

El pueblo de Catelluccio quedó practicante destruido y han hecho falta años, trabajo y mucha fuerza de voluntad para que sus habitantes puedan volver poco a poco a la normalidad de antes, aunque todavía queda mucho trabajo por hacer.

Esta floración viene a recordar que la vida sigue y que con paciencia, cariño y algo de esperanza, todo se puede superar con esfuerzo.

Castelluccio

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