Lo que Emily in Paris no muestra según una parisina real

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Redactora Social
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La otra cara de París: cuando la ficción se distancia de la realidad 🇫🇷

Desde su estreno, la serie Emily in Paris ha generado opiniones divididas entre los espectadores. Para algunos es un viaje encantador por las calles parisinas, lleno de moda, romance y glamour. Pero para quienes viven realmente en la Ciudad de la Luz, la serie no representa más que una versión edulcorada y extremadamente irreal de la vida diaria en París.

Una parisina de verdad, Inès, de 26 años y residente del 10º arrondissement, decidió compartir su visión auténtica de la capital francesa, contrastando fuertemente con la fantasía que vende Netflix. ¿Qué es lo que Emily in Paris no muestra del verdadero París? Aquí te lo contamos.

Una vida de lujos… pero solo para la pantalla

Emily, interpretada por Lily Collins, vive en un pintoresco departamento con vistas soñadas y una decoración estética, digno de una revista de diseño. Pero según Inès, ese tipo de vivienda es prácticamente imposible para alguien con el salario de una ejecutiva de marketing junior.

“Los apartamentos en París son notoriamente pequeños, y los alquileres, altísimos”, explica Inès. De hecho, de acuerdo con datos del portal French Property, el costo promedio de alquilar un apartamento en el centro ronda los 1.500 a 2.500 euros mensuales por apenas 30 a 40 metros cuadrados.

Además, rara vez tienen lavadora dentro. Muchos parisinos dependen de lavanderías públicas para sus tareas diarias: algo que difícilmente aparece en la serie. 🧺

Moverse por París es menos glamoroso de lo que parece

Ver a Emily paseando con tacos altos por calles empedradas también choca con la realidad de una ciudad donde la lluvia, la suciedad y el tráfico peatonal hacen que caminar sea un verdadero desafío.

“Nadie aquí usa stilettos para ir al supermercado o trabajar”, asegura Inès. La mayoría prefiere llevar zapatillas cómodas, especialmente considerando lo mucho que caminan los parisinos —una ciudad ideal para moverse a pie, pero no necesariamente en ropa de diseñador.

Y qué decir del transporte público 📉. Emily rara vez toma el metro, pero para los locales, el sistema de transporte subterráneo (aunque eficiente) es una parte vital, aunque poco glamorosa, del día a día. Los pasillos estrechos, trenes abarrotados y retrasos son la norma mucho más que los paseos escénicos en scooters.

La barrera del idioma, un muro invisible

Uno de los errores más señalados por los locales es cómo la serie minimiza el importante papel del idioma francés en la vida cotidiana. Si bien Emily llega sin saber francés y logra adaptarse con sorprendente facilidad, para una persona real esto no sería tan sencillo.

“Hablar francés en París no es opcional”, comenta Inès. De hecho, el gobierno francés ha creado programas para promover el dominio del idioma incluso entre inmigrantes. La ley Toubon incluso exige que el francés se use en documentos oficiales y comunicaciones laborales.

En la vida real, llegar a una oficina parisina sin dominar el idioma podría ser un gran obstáculo, tanto profesional como socialmente. Incluso en industrias creativas como la moda y el marketing.

Los desafíos sociales de ser extranjero en París

Uno de los elementos más criticados es cómo Emily se integra perfectamente a la cultura parisina en tiempo récord. Según Inès, ganarse el respeto de los parisinos lleva tiempo y esfuerzo, y el carácter reservado de los habitantes puede dificultar esto aún más.

  • Las amistades no se forman de inmediato.
  • Los locales son muy formales al principio.
  • Los códigos sociales no se rompen tan fácil como la serie sugiere.
  • Emily parece entrar y salir de conversaciones profundas, flirtear libremente con colegas y entablar relaciones amorosas sin consecuencias. Pero en la cultura francesa, especialmente en los círculos profesionales, los límites son mucho más precisos.

    La diversidad que no se ve en la pantalla

    Otro aspecto donde la serie falla es en su representación de la multiculturalidad de París. Aunque se trata de una ciudad cosmopolita y vibrante, Emily in Paris se enfoca casi exclusivamente en un grupo selecto de blancos parisinos con alto poder adquisitivo.

    Esto excluye a comunidades enteras que realmente conforman la diversidad de la ciudad. París alberga una gran población procedente del norte de África, Asia y otras partes de Europa. Sus historias rara vez encuentran espacio en la narrativa romántica de la serie.

    Como señala Inès, “Emily vive en una burbuja particular de París, completamente ajena a sus contrastes sociales y económicos”.

    Tácticas de trabajo exageradas (y poco realistas) 💼

    En la oficina, Emily resuelve problemas y propone campañas creativas como si llevara años en la industria francesa. Pero la realidad en el ámbito laboral es diferente. Inès destaca cómo en Francia las estructuras jerárquicas están muy marcadas.

    Además, trabajar «a la americana» —una característica que Emily presume continuamente— es más problemático de lo que la serie refleja. En el país del equilibrio entre vida laboral y personal, el derecho a desconectarse después del trabajo está garantizado por ley. Incluso enviar emails fuera del horario es mal visto.

    ¿Una serie con encanto o una versión distorsionada?

    A pesar de todas estas críticas, Inès aclara que no odia la serie. Le resulta entretenida, ocasionalmente divertida y sabe que es ficción. Pero también opina que podría haber sido una oportunidad para explorar París de forma más auténtica, mostrando no solo sus luces, sino también sus matices.

    Con más de 16 millones de turistas al año, París es una de las ciudades más visitadas del mundo. Para muchos, la serie puede ser el primer contacto con la cultura francesa. Por eso, mostrar una versión más realista podría tener un impacto positivo en cómo se percibe —y respeta— la vida local.

    Conclusión: ¿realmente conoces París si solo viste Emily in Paris?

    Si bien es tentador soñar con una vida como la de Emily entre macarons, fiestas y balcones con vista a la Torre Eiffel, la versión parisina real es mucho más compleja. Tal vez menos perfecta, pero sin duda más rica.

    Por eso, si planeas visitar París, prepárate para vivir su verdadera esencia: calles ruidosas, cafés con meseros antipáticos (pero encantadores a su manera), y experiencias que nada tienen que ver con la etiqueta de una influencer. Porque ahí,

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