La ballena franca glacial (Eubalaena glacialis) atraviesa uno de los escenarios más delicados de su historia reciente. Aunque en los últimos meses se registró un incremento inusual en el número de nacimientos frente a las costas del sureste de Estados Unidos, científicos y organizaciones ambientalistas advierten que la especie sigue en riesgo crítico de extinción.
Según datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), hasta el momento se identificaron 15 crías, una cifra superior a la registrada en dos de los últimos tres inviernos. Sin embargo, los especialistas coinciden en que este repunte, si bien alentador, no alcanza para revertir la tendencia negativa que enfrenta la especie en el Atlántico Norte.

Las estimaciones más recientes indican que la población total ronda los 384 ejemplares, un número extremadamente bajo para garantizar la viabilidad a largo plazo. Si bien representa un aumento de más del 7% respecto a 2020, la fragilidad poblacional sigue siendo alta. Basta recordar que en 2018 no se registró ningún nacimiento y que el año pasado solo se documentaron 11 crías, lo que dejó en evidencia la vulnerabilidad de la especie ante cualquier variación.
Desde la NOAA advierten que serían necesarias al menos 50 crías por año durante un período prolongado para iniciar una recuperación real. Hoy, ese escenario parece lejano, principalmente por la escasez de hembras reproductoras en condiciones óptimas. “La tasa actual de nacimientos no compensa las amenazas que enfrenta la especie”, señaló Gib Brogan, director de campañas de la organización Oceana.

Entre los principales peligros que continúan afectando a la ballena franca glacial se destacan las colisiones con grandes embarcaciones y los enredos en artes de pesca comercial. Estos incidentes son la causa principal de muertes, ya sea por lesiones fatales o por procesos más lentos de debilitamiento y desnutrición, que también reducen la capacidad reproductiva de los ejemplares adultos.
El declive de la especie tiene raíces históricas en la caza comercial, que la llevó al borde de la extinción siglos atrás. Aunque hoy cuenta con medidas de protección, el balance de la última década sigue siendo desfavorable: en muchos años, la mortalidad superó a los nacimientos, consolidando una tendencia preocupante.
Especialistas coinciden en que el aumento reciente de crías ofrece un respiro momentáneo, pero no garantiza la supervivencia de la especie. Subrayan que la única posibilidad real de evitar la extinción pasa por reducir drásticamente las muertes causadas por la pesca y el tráfico marítimo, además de reforzar la vigilancia y el monitoreo en las áreas donde habita esta ballena emblemática.





