El descubrimiento de la Cueva de Nerja, ocurrido en 1959, marcó un antes y un después en la historia cultural, científica y turística de la Costa del Sol. Lo que comenzó como una exploración improvisada de cinco jóvenes terminó convirtiéndose en uno de los hallazgos arqueológicos y naturales más importantes de España, con impacto internacional hasta el día de hoy.
Los protagonistas fueron José Luis Barbero, Manuel y Miguel Muñoz, Francisco Navas y José Torres, quienes solían internarse en una cavidad conocida como Las Minas del Cementerio. A través de una estrecha abertura utilizada por murciélagos, accedieron a un espacio inmenso que nunca antes había sido explorado. Avanzaron hasta la llamada Sala de los Fantasmas, donde encontraron dos esqueletos humanos, una imagen tan impactante que los llevó a retirarse de inmediato.
Días después, tras informar el hallazgo a sus maestros, comenzó la verificación oficial. El 19 de abril de 1959, el fotógrafo José Padial publicó las primeras imágenes en Diario Sur de Málaga, dando a conocer al mundo la existencia de la cueva. Meses más tarde, en noviembre, se descubrieron las Galerías Altas, y una década después, gracias a estudios científicos sistemáticos, se sumaron las Galerías Nuevas, ampliando la dimensión real del sitio.

El crecimiento del interés obligó a tomar decisiones clave en materia de preservación y acceso. En septiembre de 1959 se iniciaron obras para reemplazar la pequeña entrada original por un acceso más seguro, con escaleras y estructuras pensadas para proteger las formaciones geológicas y garantizar la seguridad de los visitantes. La inauguración oficial se realizó el 12 de junio de 1960, apenas un año y medio después del hallazgo.
Ese día no solo se abrió la cueva al público: en la Sala de la Cascada se presentó el Ballet Le Tour de París, un espectáculo que dio origen al Festival de Música de la Cueva de Nerja, una tradición cultural que continúa vigente y que combina arte, patrimonio y conservación.

Con el paso del tiempo, se decidió cerrar al público las Galerías Altas y Nuevas para proteger pinturas rupestres y sectores de difícil acceso. Su estudio quedó reservado a espeleólogos y arqueólogos, mientras que el circuito turístico se reguló para minimizar el impacto ambiental.
El descubrimiento de la Cueva de Nerja no solo reveló un tesoro subterráneo: transformó por completo la economía local. El pueblo dejó de depender casi exclusivamente de la agricultura y la pesca para consolidarse como un destino turístico y cultural de referencia, con actividades educativas, investigación científica y visitantes de todo el mundo.
A 67 años de aquel día, la historia de cinco chicos curiosos sigue siendo recordada como el punto de partida de un legado que une aventura, ciencia, cultura y conservación, y que continúa sorprendiendo tanto como aquella primera vez en que la cueva salió a la luz.





