Francia atravesó en 2025 un punto de inflexión histórico. Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el país registró más muertes que nacimientos, un dato que marca el deterioro de su tradicional fortaleza demográfica frente al resto de Europa.
Según cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INSEE), el año pasado se contabilizaron 651.000 muertes y 645.000 nacimientos, números que muestran una fuerte caída desde la pandemia de covid-19 y confirman que Francia no está exenta de la crisis demográfica que atraviesa el continente.

Durante décadas, el país mantuvo una de las tasas de natalidad más altas de la Unión Europea, lo que le permitió sostener mejor sus sistemas de bienestar. Sin embargo, el envejecimiento de la población y la baja sostenida en los nacimientos comenzaron a erosionar esa ventaja.
Uno de los datos más preocupantes es la tasa de fertilidad, que cayó a 1,56 hijos por mujer, su nivel más bajo desde la Primera Guerra Mundial. La cifra está muy por debajo del 1,8 que el Consejo Asesor de Pensiones utiliza en sus proyecciones financieras, lo que plantea serios desafíos para el sistema jubilatorio.
Aun así, en comparación con otros países europeos, Francia seguía mostrando mejores indicadores: en 2023 ocupó el segundo lugar en tasa de fertilidad dentro de la UE, solo detrás de Bulgaria. Pero la tendencia descendente ya es clara.
Las consecuencias económicas no tardan en aparecer. La Oficina Nacional de Auditoría Pública advirtió que el cambio demográfico podría llevar el gasto público a niveles similares a los de la pandemia en los próximos años, mientras se reduce la base impositiva. A esto se suma la presión que generará la jubilación de las grandes generaciones nacidas en la década de 1960, lo que podría agravar las tensiones en el mercado laboral.

“Es probable que los problemas de la fuerza laboral aumenten rápidamente en los próximos años”, explicó el economista Philippe Crevel, del centro de estudios Cercle d’Epargne.
Pese a este escenario, la población francesa creció levemente en 2025 y alcanzó los 69,1 millones de habitantes, gracias a la migración neta, estimada en 176.000 personas.
La esperanza de vida también alcanzó valores récord: 85,9 años para las mujeres y 80,3 para los hombres. Al mismo tiempo, la proporción de personas de 65 años o más llegó al 22 %, casi igualando a la de menores de 20 años, un dato que confirma el profundo cambio en la estructura etaria del país.
Francia, que durante décadas fue una excepción dentro de Europa, comienza así a enfrentar de lleno los desafíos de una sociedad cada vez más envejecida y con menos nacimientos.





