Un hallazgo inédito fue registrado en la costa de Chile: científicos documentaron por primera vez la presencia de un pingüino de Humboldt con despigmentación extrema, comúnmente asociado al albinismo. El avistamiento ocurrió en la región del Biobío y fue realizado por un equipo de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC) durante tareas de monitoreo marino.
La observación estuvo a cargo de la Dra. Sara M. Rodríguez, académica de la Facultad de Ciencias, quien detectó al ejemplar en julio de 2024 cerca del faro de la Península de Hualpén. Según explicó, se trataba de un individuo juvenil, de pequeño tamaño, con plumaje completamente blanco y partes blandas de tonalidad rosada, una apariencia inusual para la especie Spheniscus humboldti.

“Era un ejemplar joven, muy chiquito, con una coloración bien blanca y además nadaba solo, algo que no es habitual en esta especie”, detalló la investigadora. El registro fue posteriormente publicado en la Revista de Biología Marina y Oceanografía, donde los científicos aclaran que la despigmentación podría no corresponder estrictamente a albinismo, ya que también podría estar relacionada con la enfermedad de Brown. Sin un análisis directo del individuo, no es posible confirmarlo.
Más allá de la causa exacta, los especialistas advierten que esta condición implica riesgos serios para la supervivencia del animal. “Un pingüino con una coloración distinta tiene menos posibilidades de llegar a la adultez, porque queda mucho más expuesto a los depredadores”, explicó Rodríguez. La preocupación es aún mayor si se tiene en cuenta que el pingüino de Humboldt está en peligro de extinción.

El ejemplar no volvió a ser observado en monitoreos posteriores, pero su registro quedó como un valioso antecedente científico. Además de aportar información clave para la conservación de la especie, el hallazgo ayuda a comprender mejor el impacto de la genética, la fragmentación poblacional y las presiones ambientales sobre la fauna marina.
“Conocer la fauna que habita nuestros territorios es fundamental para entender el estado de salud de los ecosistemas. Conocer para proteger”, concluyó la investigadora.






