El calentamiento global está modificando uno de los momentos más críticos en la vida de los pingüinos: la temporada de cría. Un nuevo estudio reveló que decenas de colonias de tres especies distintas están llegando cada vez más temprano a sus zonas de anidamiento en la Antártida, con un adelanto promedio de dos semanas, y en algunos casos de casi un mes.
La investigación, publicada en la revista Journal of Animal Ecology, analizó datos recolectados durante más de una década mediante una red de 77 cámaras con sensores de temperatura, instaladas en 37 colonias de pingüinos Adelia, barbijo y papúa. El patrón se repite en todo su rango geográfico y apunta a un mismo factor: el aumento acelerado de la temperatura.

“El inicio de la cría se está adelantando año tras año, y con él todos los demás hitos del ciclo vital: la puesta, la eclosión y la crianza”, explicó Ignacio Juárez, investigador de la Universidad de Oxford y primer autor del estudio. En promedio, los pingüinos de Adelia llegan ahora alrededor del 15 de octubre, adelantándose un día por año. Los barbijos lo hacen hacia el 20 de octubre, unas dos semanas antes que en el pasado, mientras que los papúa llegan cerca del 1 de noviembre, hasta 24 días antes en algunas colonias.
Todas las especies, excepto el pingüino emperador, necesitan zonas libres de nieve para poner sus huevos. El deshielo temprano facilita el acceso a estos espacios, pero también altera el equilibrio del ecosistema. “Los pingüinos son considerados centinelas del estado de salud de los ecosistemas antárticos”, señaló Juárez, ya que su comportamiento refleja cambios profundos en el ambiente marino.

Los registros de temperatura muestran que incluso durante el invierno austral los valores suben cada año, y que en octubre y noviembre el incremento alcanza los 0,41 °C por año. En las colonias, el calentamiento es aún más intenso que en el resto de la Antártida, llegando a ser hasta cuatro veces mayor.
La gran incógnita es si este adelanto representa una adaptación o si los pingüinos están siendo forzados a cambiar por el clima, lo que podría generar desajustes con su principal fuente de alimento. El derretimiento del hielo marino afecta al krill, base de la cadena alimentaria antártica, y cualquier alteración en ese proceso puede impactar en toda la fauna, desde aves hasta focas y orcas.
“Es uno de los cambios más extremos jamás registrados en el calendario reproductivo de las aves”, advirtió Fiona Jones, coautora del estudio. Los científicos coinciden en que será clave seguir monitoreando estas colonias para saber si este adelanto récord terminará afectando el éxito reproductivo de los pingüinos y el equilibrio del ecosistema antártico.






