A más de 3000 metros de altura, en una de las montañas más imponentes y técnicas del mundo, tres montañistas rusos protagonizaron una hazaña inédita en la Patagonia: saltaron al vacío desde el cerro Fitz Roy tras completar una exigente escalada por sus paredes de granito. La proeza combinó montañismo de alta dificultad, caída libre con wingsuit y descenso en paracaídas, en una maniobra que hasta ahora no había sido documentada en esta cumbre emblemática del Parque Nacional Los Glaciares.

El hito ocurrió a comienzos de enero, aunque se conoció públicamente en las últimas horas. Los protagonistas fueron Boris Egorov, Vladimir Murzaev y Konstantin Jäämurd, escaladores profesionales e integrantes del colectivo Dirty Climbers, quienes alcanzaron su punto de lanzamiento luego de ascender la ruta Royal Flush, una de las más exigentes de la cara este del Fitz Roy, con unos 1250 metros verticales de recorrido técnico.
La expedición no fue improvisada. Trasladar el equipo hasta el punto de salida —ubicado a unos 300 metros por debajo de la cima, en una montaña que alcanza los 3405 metros— les demandó tres días de trabajo continuo en la pared, durmiendo en cornisas y enfrentando condiciones extremas. Cada etapa fue registrada y compartida en redes sociales, donde el material rápidamente se volvió viral entre amantes del montañismo y los deportes extremos.
El salto se realizó bajo la modalidad BASE jump, una disciplina de alto riesgo que implica lanzarse desde un punto fijo —como una montaña— y desplegar el paracaídas a gran velocidad. En este caso, el descenso incluyó trajes especiales tipo wingsuit, que permiten planear durante la caída libre antes de abrir el paracaídas.
Según relataron los propios protagonistas, la clave fue esperar pacientemente la ventana climática perfecta. El equipo permaneció casi un mes en El Chaltén hasta que las condiciones de viento y visibilidad fueron las ideales. No era la primera vez que visitaban la región: ya habían realizado saltos similares desde el Cerro Torre, el Mojón Rojo y las agujas Guillomet y Saint-Exupéry.
Durante la escalada, los rusos compartieron campamento y comida con los escaladores estadounidenses Will Fazio y Zach Dreher, y contaron además con el apoyo de Ilya Kull, quien formó parte del equipo de soporte. La elección de la ruta y del punto de salida no fue casual: el reconocido escalador argentino Rolando Garibotti les había sugerido esa posible línea en una imagen previa, aporte que el equipo destacó y agradeció públicamente.
La mañana del 7 de enero, todo se alineó. “Estábamos a unos 300 metros por debajo de la cima, las condiciones eran perfectas, así que decidimos saltar”, explicó Egorov. Murzaev y Jäämurd volaron con trajes aéreos y aterrizaron cerca del bosque, mientras que Egorov utilizó un traje de seguimiento y descendió hasta el glaciar, justo al pie de la pared que habían escalado.

El vuelo fue histórico: 2 minutos y 40 segundos de caída libre, seguidos por casi 2 minutos bajo paracaídas, marcando uno de los mayores cambios de altitud jamás registrados en un salto con wingsuit. “Fue simplemente asombroso”, resumió Egorov, quien definió la experiencia como “una configuración perfecta, mucha suerte y el resultado de toda una vida de experiencia”.
Especialista en cumbres patagónicas, Egorov combina desde hace años el montañismo de élite con saltos desde cumbres remotas. Además, es guía de la agencia Club Seven Summits, dedicada a expediciones de alta montaña en todo el mundo.
Tras completar la hazaña, el balance fue casi perfecto: no hubo heridos ni incidentes graves. La única pérdida fue una mochila con equipo costoso, que cayó en una grieta del glaciar y no pudo ser recuperada. Un precio mínimo frente a una proeza que ya quedó escrita en la historia del deporte extremo en la Patagonia.






