La localidad cordobesa de Miramar de Ansenuza se prepara para vivir un evento tan inusual como emotivo: una convocatoria masiva para intentar batir el récord mundial de personas flotando al mismo tiempo en posición de “planchita” sobre las aguas de la laguna Mar Chiquita. La propuesta combina turismo, identidad local y celebración del paisaje natural, con la promesa de convertirse en una verdadera fiesta popular.
La iniciativa invita a vecinos y turistas de todas las edades a participar de una actividad simple y accesible, que no requiere experiencia previa más allá de poder mantenerse a flote con tranquilidad. La planchita, un gesto clásico de descanso en el agua, se transformó en el eje simbólico de una acción que apela a la nostalgia, al recuerdo de los veranos de balneario y al orgullo de pertenecer a una comunidad atravesada por la laguna.

Desde la organización explicaron que el objetivo no es solo ingresar al libro de los récords, sino también recrear una postal histórica de Miramar, cuando la laguna era escenario cotidiano de encuentros familiares y largas jornadas de descanso. El evento contará con protocolos de seguridad, presencia de guardavidas y un operativo pensado para garantizar una experiencia cuidada para todos los participantes.
La convocatoria se enmarca en una estrategia más amplia para posicionar a Miramar de Ansenuza como un destino turístico ligado a la naturaleza y las experiencias colectivas. La laguna Mar Chiquita, reconocida por su biodiversidad y por formar parte del Parque Nacional Ansenuza, será el escenario de una acción que busca poner en valor tanto el entorno como la historia del lugar.

Además del desafío acuático, la jornada incluirá actividades recreativas, propuestas culturales y espacios para compartir en familia, reforzando el espíritu comunitario del encuentro. La expectativa es reunir a cientos de personas flotando en simultáneo, generando una imagen potente que recorra el país y dé visibilidad a la región.
Con una acción tan sencilla como simbólica, Miramar de Ansenuza apuesta a escribir su propia página en la historia de los récords mundiales. La planchita, convertida en gesto colectivo, promete ser mucho más que una curiosidad: una celebración del paisaje, la memoria y la identidad local.






