Qué es la Gran Muralla Verde del Sahara, el ambicioso proyecto africano que busca frenar el avance del desierto

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La Gran Muralla Verde es uno de los proyectos ecológicos más ambiciosos del mundo y atraviesa el continente africano de oeste a este. Se trata de una enorme franja de vegetación de 8.000 kilómetros de largo y unos 15 kilómetros de ancho, que se extiende desde el océano Atlántico hasta el mar Rojo, cruzando la región del Sahel, una de las zonas más vulnerables al cambio climático y a la desertificación.

La iniciativa nació como respuesta a décadas de sequías, deforestación y degradación del suelo, que afectaron gravemente a la biodiversidad y a las comunidades locales. A fines del siglo XX, el avance del desierto provocó la pérdida de tierras fértiles, la desaparición de especies animales, el colapso de humedales y un fuerte impacto social en millones de personas que dependen directamente de la tierra para vivir.

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El proyecto comenzó a tomar forma en 2005, cuando líderes africanos impulsaron la idea de crear una barrera vegetal capaz de detener el Sahara. En 2007, la Unión Africana adoptó oficialmente la iniciativa, involucrando a once países, entre ellos Senegal, Mauritania, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán y Etiopía. Desde entonces, la Gran Muralla Verde se convirtió en una estrategia continental contra la desertificación.

Lejos de ser una simple plantación masiva de árboles, el proyecto funciona como un conjunto de soluciones adaptadas a cada región. Incluye reforestación, agricultura sostenible, regeneración del suelo, manejo del agua y desarrollo comunitario. En algunos países, como Senegal, el foco pasó de plantar árboles a fortalecer la agroecología, con un rol central de las mujeres en la producción de alimentos y la recuperación del entorno.

También se aplican técnicas tradicionales mejoradas, como el método zaï, que permite retener agua y nutrientes en suelos degradados. Gracias a estas prácticas, millones de hectáreas comenzaron a recuperar vegetación y fauna, demostrando que la restauración es posible incluso en contextos extremos.

Uno de los mitos más frecuentes es que la presencia de abejas podría revertir por sí sola la desertificación. Sin embargo, los expertos aclaran que el problema es estructural: la falta de agua, el sobrepastoreo y la presión demográfica impiden que las plantas crezcan, y sin plantas, los polinizadores no pueden cumplir su función. Por eso, la estrategia es integral y depende del involucramiento directo de las comunidades locales.

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A casi veinte años de su lanzamiento, la Gran Muralla Verde avanzó, pero enfrenta grandes desafíos. Actualmente, el proyecto alcanza cerca del 30% de ejecución, con resultados desiguales según el país. En algunas regiones de Nigeria, por ejemplo, el avance llega al 50% y generó empleo local, mientras que en otras zonas los conflictos armados y la inseguridad obligaron a frenar las tareas.

El financiamiento es otro obstáculo clave. Aunque se prometieron miles de millones de dólares para su desarrollo, los fondos siguen siendo insuficientes para cumplir los objetivos de restaurar 100 millones de hectáreas, capturar grandes volúmenes de carbono y crear millones de empleos verdes antes de 2030.

A pesar de las dificultades, la Gran Muralla Verde sigue siendo un símbolo de resiliencia y cooperación africana. Incluso se evalúa replicar el modelo en otras regiones del continente. Su éxito final dependerá de la articulación entre gobiernos, organismos internacionales y comunidades locales, con un objetivo común: recuperar la tierra, proteger la biodiversidad y mejorar la vida de millones de personas en una de las regiones más frágiles del planeta.

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