Santorini pone límites al peso de los turistas que montan burros y reabre el debate sobre el turismo

68e63008772f6
Redactora
¡Valora esto!

Durante años, la imagen de burros subiendo y bajando los empinados escalones de Santorini cargando turistas fue parte del paisaje postal de la isla. Una escena repetida miles de veces, fotografiada, normalizada y pocas veces cuestionada. Sin embargo, Grecia decidió ponerle un freno a una de las prácticas más polémicas de su turismo: ahora los burros tienen una balanza “legal” y reglas claras para proteger su salud.

El Ministerio de Desarrollo Rural de Grecia estableció que ningún turista que supere los 100 kilos, o cuyo peso exceda el 20% del peso del animal, podrá montar a estos burros. El objetivo es evitar lesiones en la columna, problemas musculares y daños irreversibles que los veterinarios vienen denunciando desde hace años.

image istockphoto 952804936 612x612 1
Donkey taxis in Santorini, Greece

La medida surge tras una fuerte presión de organizaciones animalistas y veterinarios, que documentaron casos de burros con heridas abiertas, cojera crónica y deformaciones óseas. La balanza, en este contexto, funciona como un símbolo: por primera vez, el peso del turista deja de ser irrelevante frente al bienestar del animal.

Pero el problema no termina ahí. Aunque la nueva normativa representa un avance, el debate sigue abierto. Organizaciones como PETA remarcan un dato clave: los burros continúan subiendo más de 500 escalones empinados todos los días, bajo el sol intenso del Mediterráneo y, muchas veces, sin descansos suficientes. El peso es solo una parte del problema; el esfuerzo físico constante es otra.

A esto se suma un detalle que muchos visitantes desconocen. Cuando no transportan turistas, los burros suelen ser utilizados para cargar materiales pesados, como bolsas de cemento, electrodomésticos o insumos de construcción. Es decir, el descanso que muchos imaginan simplemente no existe. El animal trabaja casi de forma continua, cambie o no el tipo de carga.

La nueva ley también incorpora otras obligaciones: los dueños deben garantizar agua fresca, pausas regulares y condiciones mínimas de descanso. Además, se establecieron controles y sanciones para quienes incumplan las normas. Sin embargo, críticos del sistema aseguran que la fiscalización sigue siendo insuficiente y que, en temporada alta, las reglas se diluyen frente a la presión del turismo masivo.

image 68e63008772f6 1

Santorini recibe millones de visitantes al año, muchos de ellos llegados en cruceros que desembarcan por horas. Para subir desde el puerto hasta la ciudad de Fira existen alternativas modernas, como el teleférico, pero aun así muchos turistas siguen optando por montar burros, ya sea por tradición, por curiosidad o por desconocimiento.

El caso de Santorini no es aislado. Forma parte de una discusión global sobre turismo responsable y uso de animales como atracción. Paseos en elefante, fotos con animales salvajes, carruajes tirados por caballos o espectáculos con fauna exótica son prácticas cada vez más cuestionadas por el impacto físico y psicológico que generan.

image burros santorini ke4F

Más allá de las leyes, el mensaje es claro: las decisiones individuales también cuentan. Elegir no montar un burro, informarse antes de participar en una actividad turística o priorizar opciones que no involucren animales puede marcar la diferencia. Porque el turismo no solo deja dinero: también deja huellas.

Santorini dio un paso, pequeño pero significativo. La balanza existe, las normas también. Ahora el desafío es más profundo: repensar qué tipo de experiencias queremos consumir cuando viajamos y si estamos dispuestos a renunciar a una postal clásica cuando detrás hay un animal agotado subiendo escalones una y otra vez.

¡Valora esto!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *