Nueva Zelanda atraviesa uno de los movimientos migratorios más significativos de las últimas décadas. En el último año, cerca de 70.000 neozelandeses abandonaron el país, una cifra que no se registraba desde la crisis financiera global de 2008 y que vuelve a poner el foco en la situación económica interna.
Según especialistas consultados por BBC Mundo, el fenómeno responde principalmente a un mercado laboral debilitado, con menos oportunidades y una desaceleración que impacta especialmente en jóvenes profesionales y trabajadores calificados.
Un desempleo en su punto más alto en una década

Actualmente, Nueva Zelanda registra una tasa de desempleo del 5,3%, el nivel más alto en diez años. Si bien el número puede parecer moderado en comparación con otros países, el aumento sostenido en un corto período generó incertidumbre entre quienes buscan estabilidad laboral y mejores ingresos.
Expertos señalan que el encarecimiento del costo de vida, la presión inflacionaria de los últimos años y el menor dinamismo económico tras la pandemia influyeron en la decisión de miles de ciudadanos de buscar oportunidades en el exterior.
Australia, el destino elegido
El principal destino del éxodo es Australia, donde actualmente residen alrededor de 700.000 neozelandeses. La cercanía geográfica, los acuerdos migratorios históricos entre ambos países y un mercado laboral más dinámico convierten a Australia en una opción natural.

Además, muchos trabajadores encuentran allí salarios más competitivos y mayor oferta de empleo, especialmente en sectores como la construcción, minería, salud y servicios.
¿Un fenómeno coyuntural o una tendencia prolongada?
El dato preocupa a analistas y autoridades porque no solo implica una pérdida de población, sino también de capital humano. La salida de profesionales jóvenes puede tener efectos a mediano y largo plazo en la productividad y el crecimiento económico del país.
El desafío para Nueva Zelanda será revertir esta tendencia fortaleciendo el mercado laboral, incentivando la inversión y generando condiciones que retengan talento. De lo contrario, el éxodo podría profundizarse y marcar una nueva etapa en la dinámica demográfica del país.
Mientras tanto, miles de neozelandeses continúan cruzando el mar de Tasmania en busca de un futuro que hoy sienten más prometedor fuera de casa.







