30 hectáreas y apenas 50 habitantes: así es la isla habitada más pequeña de España

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Redactora
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Frente a la costa de Alicante, a unas once millas náuticas y muy cerca del cabo de Santa Pola, emerge un pequeño paraíso mediterráneo que ostenta un récord singular: ser la isla habitada más pequeña de España. Se trata de la Isla de Tabarca, un enclave de apenas 30 hectáreas donde viven alrededor de 50 personas en invierno.

En verano, sin embargo, la tranquilidad cambia por completo: miles de visitantes llegan cada día atraídos por sus aguas cristalinas, su historia y su ambiente detenido en el tiempo.

Una villa fortificada con pasado pirata

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La Isla de Tabarca —que en realidad forma parte de un pequeño archipiélago junto a los islotes La Cantera, La Galera y la Nao— tiene unos 1.800 metros de largo y apenas 400 metros en su punto más ancho.

En el pasado fue refugio de piratas berberiscos del norte de África. Tras sufrir saqueos constantes, en el siglo XVIII el rey Carlos III de España ordenó fortificarla y construir un pueblo para albergar a 69 familias genovesas liberadas de su cautiverio en el norte de África. También se instaló un destacamento militar para defender la zona.

Hoy, ese trazado urbano del siglo XVIII —declarado conjunto histórico-artístico— conserva murallas, puertas monumentales y calles estrechas con fachadas coloridas, balcones de hierro y puertas de madera que parecen congeladas en el tiempo.

Entre sus edificios más destacados se encuentran la iglesia de San Pedro y San Pablo, de estilo neoclásico, la antigua Casa del Gobernador y el Museo Nueva Tabarca, que repasa la geografía, biodiversidad y patrimonio etnográfico de la isla.

Una Reserva Marina única en el Mediterráneo

Pero si algo convierte a Tabarca en un destino imprescindible de la Costa Blanca es su entorno natural. En 1986 fue declarada Reserva Natural Marina, la primera de España.

Sus aguas destacan por su transparencia —con visibilidad que puede alcanzar hasta 47 metros de profundidad— y por la riqueza de sus fondos marinos. Aquí prosperan praderas de posidonia oceánica, fundamentales para el equilibrio ecológico del Mediterráneo, además de comunidades rocosas donde habitan algas y numerosas especies.

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Entre su fauna se pueden observar meros, doradas, pargos, estrellas de mar y erizos, lo que convierte al snorkel y al buceo en las actividades estrella.

Un paseo circular de apenas 4 kilómetros permite recorrer todo el perímetro de la isla, incluyendo la Torre de San José (1862) y el faro de 1854, situado en una zona elevada del interior.

Pequeña en tamaño, pero enorme en historia y biodiversidad, Tabarca demuestra que no hace falta una gran extensión para convertirse en uno de los destinos más singulares del Mediterráneo.

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