El postre argentino que conquista el mundo: nació en la Patagonia, se vende en más de 50 países y es furor en Francia

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Lo que comenzó como una idea simple en la Patagonia terminó convirtiéndose en un fenómeno global. Un pequeño postre argentino logró conquistar paladares en 53 países, se volvió viral en Francia y hoy se vende en supermercados, cafeterías y hasta cadenas de cine de todo el mundo. Se trata de Franuí, las frambuesas congeladas bañadas en chocolate creadas por la histórica chocolatería patagónica Rapanui, que se transformaron en uno de los productos argentinos más exitosos del mercado internacional.

La historia de este dulce fenómeno comienza mucho antes de su creación, con un inmigrante italiano que cambió para siempre el mapa del chocolate en Argentina.

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A fines de la década de 1940, el pastelero italiano Aldo Fenoglio dejó su ciudad natal de Turín en busca de nuevas oportunidades en Sudamérica. Tras pasar por Rosario, Mar del Plata y Mendoza sin sentirse completamente a gusto, finalmente encontró su lugar en San Carlos de Bariloche. Allí fundó una de las primeras chocolaterías de la región, sentando las bases para que la ciudad se convirtiera con el tiempo en la capital argentina del chocolate.

La familia Fenoglio no solo consolidó esa tradición, sino que también protagonizó una de las invenciones más curiosas de la chocolatería local: el chocolate en rama. Según cuenta la historia familiar, Aldo estaba limpiando chocolate de la mesada con una espátula cuando notó que la forma que quedaba se parecía a la rama de un árbol. Probó el resultado, le gustó la textura crujiente y así nació, casi por accidente, uno de los clásicos souvenirs de Bariloche.

Décadas más tarde, la misma familia volvería a revolucionar el mundo del chocolate con una nueva creación.

En 2013, Diego Fenoglio, hijo de Aldo y fundador de Rapanui, tuvo una idea mientras volvía a su casa después del trabajo. En el jardín había una gran cantidad de frambuesas que el frío patagónico había congelado naturalmente. Pensando qué hacer con ellas, decidió experimentar: las cubrió primero con chocolate blanco y luego con chocolate negro, creando un bocado único.

Las primeras pruebas se hicieron de manera casi casera. Diego les pedía a quienes lo rodeaban que probaran el producto cerrando los ojos para concentrarse solo en el sabor. La reacción fue inmediata: el contraste entre la acidez fría de la frambuesa congelada y la capa crujiente del chocolate generaba una experiencia distinta a cualquier otro postre.

Así nació Franuí.

La clave de su éxito radica justamente en ese contraste. La frambuesa congelada mantiene una textura firme y ligeramente ácida, mientras que el doble baño de chocolate forma una cápsula crocante que se rompe al morderla y libera el interior frío de la fruta. Este equilibrio entre dulzor, acidez y temperatura fue lo que convirtió al producto en un fenómeno entre los amantes del chocolate.

Hoy, el crecimiento de Franuí es impresionante. Cada año se utilizan alrededor de 6.000 toneladas de frambuesas para su producción y en todo el mundo se consumen aproximadamente 39 toneladas diarias. Aunque el producto se exporta a decenas de mercados, solo el 12% de esa producción corresponde a Argentina, ya que la demanda global obligó a expandir la fabricación.

Actualmente existen dos fábricas en Argentina que abastecen a once países de América Latina, mientras que otra planta ubicada en Valencia, España, produce para 42 países de Europa, Asia, Oceanía y África.

El éxito fue particularmente explosivo en Francia, donde el producto se volvió viral. Incluso medios prestigiosos como Le Monde hablaron del fenómeno, describiendo cómo los consumidores comenzaron a buscarlo en supermercados como si se tratara de una auténtica “caza del tesoro”.

Las redes sociales también impulsaron su popularidad. El piloto de Fórmula 1 Esteban Ocon publicó un video probándolo en TikTok, lo que multiplicó aún más la demanda en el país europeo.

Además, la marca firmó acuerdos estratégicos con grandes compañías como Starbucks, que comercializa el producto en varios mercados, y con la cadena de cines europea Pathé.

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Como ocurre con todo éxito global, también aparecieron imitaciones. Supermercados, heladerías y empresas de alimentos congelados intentaron replicar el concepto, aunque muchas versiones utilizan baños de repostería con grasas vegetales en lugar de chocolate auténtico. Desde Rapanui aseguran que la diferencia está en la calidad de los ingredientes y en la fruta utilizada: una variedad específica de frambuesa, cuyo nombre se mantiene en secreto.

El proceso de elaboración tampoco es sencillo. Cubrir fruta congelada con chocolate implica trabajar con temperaturas extremadamente precisas, ya que el alto contenido de agua puede hacer que el chocolate se agriete o pierda brillo. El doble baño no solo aporta sabor, sino que también ayuda a estabilizar la cobertura.

Mientras tanto, la empresa ya trabaja en nuevas variantes del producto, probando otras frutas para ampliar la familia Franuí.

En cada envase aparece una frase que resume su historia: “Born in Patagonia, raised in the world” (Nacido en la Patagonia, criado en el mundo). Y todo indica que ese recorrido global recién empieza. Según la compañía, el objetivo ahora es llevar este pequeño postre argentino a más de 60 países, acercándose poco a poco a todos los rincones del planeta.

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