Alarma en la arqueología: detectan microplásticos en sedimentos del Imperio Romano de hace más de 2.000 años

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Lo que parecía impensado ya es una realidad: arqueólogos encontraron microplásticos en sedimentos vinculados al Imperio Romano con más de 2.000 años de antigüedad, en un hallazgo que encendió las alarmas dentro de la comunidad científica.

El descubrimiento, publicado en la revista científica Science of the Total Environment, revela que estas diminutas partículas contaminantes lograron infiltrarse en capas arqueológicas extremadamente antiguas, alterando lo que hasta ahora se consideraba un registro relativamente intacto del pasado.

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La investigación se centró en un yacimiento urbano de York, en Inglaterra, asociado a contextos de los siglos I y II d.C.. Allí, los especialistas analizaron sedimentos procedentes de antiguas excavaciones, algunas realizadas a fines de los años 80, que habían sido extraídas a más de siete metros de profundidad.

Para estudiar las muestras utilizaron una técnica de alta precisión llamada espectroscopía μFTIR, que permite identificar polímeros microscópicos. El resultado fue tan sorprendente como inquietante: detectaron 16 tipos distintos de microplásticos en los sedimentos analizados.

Por supuesto, esto no significa que los romanos hayan utilizado plástico. Lo verdaderamente preocupante es otra cosa: materiales modernos están logrando colarse en estratigrafías antiquísimas, mezclándose con capas históricas que deberían conservar información pura sobre civilizaciones pasadas.

Y eso abre un problema enorme para la arqueología.

Hasta ahora, muchos científicos consideraban que los microplásticos podían funcionar como una especie de “marca temporal” del Antropoceno, es decir, la era en la que la actividad humana empezó a dejar una huella visible y global sobre el planeta, especialmente desde mediados del siglo XX.

Pero este hallazgo pone en duda esa idea. Si los microplásticos pueden desplazarse a través del suelo y aparecer en capas mucho más antiguas que su verdadera fecha de origen, entonces ya no sirven como un indicador cronológico tan confiable como se pensaba.

La explicación está en la propia composición del terreno. Los sedimentos no son estructuras rígidas ni cerradas: están formados por granos, poros, agua y actividad biológica, un entorno que permite que ciertas partículas se filtren lentamente hacia niveles más profundos con el paso del tiempo.

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Según los investigadores, las partículas más compactas y redondeadas tienen más posibilidades de descender, mientras que las fibras o fragmentos alargados suelen quedar atrapados con mayor facilidad entre los sedimentos.

Pero el problema no se limita al desorden cronológico. Los expertos también advirtieron que la presencia de microplásticos podría modificar la química del suelo arqueológico, afectando restos orgánicos muy frágiles y alterando señales ambientales clave que los científicos usan para reconstruir cómo eran los paisajes, los ecosistemas y las formas de vida del pasado.

En otras palabras, la contaminación por plásticos ya no solo amenaza océanos, animales y alimentos: ahora también podría estar deformando la manera en que entendemos la historia humana.

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