Qué es el plogging, la tendencia fitness que mezcla ejercicio, comunidad y cuidado del planeta

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En tiempos donde cada vez más personas buscan entrenamientos con propósito, una práctica comenzó a ganar fuerza en las grandes ciudades y ya se perfila como una de las tendencias más llamativas del deporte urbano: se llama plogging y combina algo tan simple como poderoso: hacer ejercicio mientras se recoge basura de la calle.

La propuesta, que ya crece con fuerza en lugares como Nueva York, está transformando la forma en la que muchos entienden el running y el entrenamiento al aire libre. Porque ya no se trata solo de correr, caminar o moverse, sino también de hacerlo dejando una huella positiva en el entorno.

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El término plogging surge del sueco “plocka upp”, que significa “recoger”, y define una actividad que une el movimiento físico con la conciencia ambiental. En la práctica, consiste en salir a correr o caminar con una bolsa y guantes para ir levantando residuos durante el recorrido. Lo que parece un gesto mínimo se convirtió en una tendencia global que combina salud, sostenibilidad y acción comunitaria.

En Nueva York, el fenómeno tomó impulso gracias a organizaciones como New York Road Runners (NYRR), que comenzaron a organizar jornadas de plogging en 2019 en el marco del Día de la Tierra. Desde entonces, la idea se expandió por distintos barrios y empezó a formar parte incluso de eventos deportivos masivos.

Hoy, el plogging ya aparece vinculado a competencias icónicas como la United Airlines NYC Half Marathon, la RBC Brooklyn Half Marathon y hasta el Maratón de Nueva York, donde grupos de corredores realizan recorridos suaves mientras recolectan residuos en calles y espacios públicos.

Más allá del impacto visual —corredores con bolsas y guantes limpiando la ciudad mientras entrenan—, el fenómeno ganó adeptos por una razón muy concreta: ofrece una experiencia distinta, con sentido y accesible para casi cualquiera.

A nivel físico, el plogging suma beneficios que van más allá de una salida convencional. Al alternar el trote con pausas, inclinaciones, sentadillas o zancadas para levantar residuos, el cuerpo trabaja de una manera más completa. Especialistas destacan que este ritmo más variable puede favorecer la resistencia aeróbica, ayudar a quemar grasa, fortalecer músculos y huesos, e incluso mejorar el metabolismo.

Además, al no sostener un esfuerzo continuo de alta intensidad, también puede ser una alternativa ideal para quienes buscan una rutina más amable, sostenible y adaptable, sin resignar movimiento ni resultados.

Pero uno de los puntos más fuertes del plogging está en lo mental y lo social. Quienes lo practican aseguran que no solo ayuda a despejarse y reducir el estrés, sino que también genera una sensación de utilidad inmediata: el entrenamiento deja de ser un acto individual para convertirse en una pequeña acción concreta que mejora el barrio, la plaza o la calle por donde uno pasa.

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Esa dimensión colectiva es, justamente, una de las claves de su éxito. En un contexto donde muchas personas buscan nuevas formas de vincularse, el plogging aparece como una actividad que favorece el encuentro, la comunidad y la construcción de hábitos más conscientes.

Por eso, más que una moda pasajera, esta práctica empieza a instalar una idea más profunda: que el deporte también puede ser una herramienta para transformar el espacio que habitamos.

Con una bolsa, un par de guantes y ganas de moverse, el plogging propone algo tan simple como revolucionario: entrenar el cuerpo mientras se cuida la ciudad.

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