Tras completar su histórico paso por el lado oculto de la Luna, la misión Artemis II entra en su fase más delicada: el regreso a la Tierra. A bordo de la cápsula Orion, los cuatro astronautas se preparan para enfrentar un proceso tan breve como extremo.
Según el cronograma de la NASA, el reingreso comenzará el 10 de abril a las 20:53 (hora argentina) y, apenas 14 minutos después, la nave debería amerizar en el océano Pacífico, frente a San Diego. Aunque parece un lapso corto, se trata del tramo más exigente de toda la misión.

El principal desafío es la velocidad. Orion ingresará a la atmósfera terrestre a una velocidad extremadamente alta, generando una fricción intensa que elevará la temperatura a niveles extremos. Durante esos minutos, la nave quedará envuelta en plasma, lo que provocará un corte total de comunicaciones con la Tierra.
Este “apagón” es uno de los momentos más tensos del viaje. Mientras tanto, todo dependerá de una secuencia perfectamente sincronizada: la separación de módulos, la orientación correcta de la cápsula, el frenado progresivo y, finalmente, el despliegue de los paracaídas.
Cada etapa es clave. Una falla en el escudo térmico, un error en la trayectoria o un problema en los paracaídas podría obligar a activar protocolos de emergencia. De hecho, aunque la cápsula puede amerizar con dos de los tres paracaídas, el impacto sería mucho más violento para la tripulación.

Pero el riesgo no termina al tocar el agua. El operativo de rescate también es crítico. Los equipos deben esperar antes de acercarse para evitar posibles restos en caída o la presencia de sustancias peligrosas, como amoníaco del sistema de enfriamiento.
Una vez asegurada la nave, los astronautas serán trasladados al buque USS John P. Murtha, donde recibirán los primeros controles médicos. Si todo sale según lo previsto, tanto la tripulación como la cápsula estarán a bordo del barco dentro de las dos horas posteriores al amerizaje.
El éxito de esta misión no solo marcará el regreso seguro de los astronautas, sino que será un paso clave para el futuro de la exploración espacial tripulada, acercando cada vez más el objetivo de volver a la Luna… y avanzar hacia Marte.









