Un descubrimiento inesperado sorprendió a la comunidad científica: un árbol crece en Texas a partir de una semilla que estuvo en el espacio profundo, más allá de la órbita lunar, durante la misión Artemis I.
El ejemplar, un liquidámbar, fue plantado en la Universidad de Texas en Arlington en 2024 y hoy crece con normalidad, pese a haber sido expuesto a condiciones extremas como la microgravedad y la radiación espacial.
La historia se remonta décadas atrás, cuando el astronauta Stuart Roosa llevó semillas al espacio en la misión Apollo 14, dando origen a los llamados “árboles lunares”. Inspirada en ese experimento, la NASA retomó la iniciativa con Artemis I, enviando nuevas semillas en la cápsula Orion.

Tras su regreso a la Tierra, las semillas fueron germinadas y distribuidas. Una de ellas dio origen a este árbol que, aunque comenzó con apenas 30 centímetros, logró adaptarse al clima texano e incluso resistir heladas.
Lo más llamativo es que, según estudios preliminares, no presenta diferencias significativas frente a árboles cultivados con semillas que nunca salieron del planeta. Esto sugiere que el viaje espacial no afectó su desarrollo, aunque sí abre nuevas preguntas científicas.

Más allá del dato curioso, el proyecto simboliza algo más grande: el vínculo entre la exploración espacial y la vida en la Tierra. Mientras la NASA avanza con nuevas misiones —como ESCAPADE—, estos experimentos ayudan a entender cómo podrían sobrevivir organismos fuera de nuestro planeta.
Un árbol que nació del espacio… y que hoy crece con raíces bien firmes en la Tierra.









