Mientras muchos países debaten cómo enfrentar el cambio climático, Pakistán puso en marcha una de las iniciativas ambientales más ambiciosas del planeta: plantar 10 mil millones de árboles para recuperar sus bosques y frenar el avance de la desertificación.
El megaproyecto, conocido como Ten Billion Tree Tsunami Programme, convirtió al país en un caso mundial de reforestación masiva. La iniciativa comenzó tras una primera experiencia exitosa en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, donde se logró regenerar mil millones de árboles antes de 2021.

Luego, el plan se expandió a nivel nacional con un doble objetivo: restaurar ecosistemas degradados y generar empleo en zonas vulnerables.
Según estimaciones oficiales, el programa creó más de dos millones de empleos verdes, especialmente en viveros, vigilancia forestal, mantenimiento rural y tareas de conservación. Muchos de esos puestos fueron ocupados por jóvenes sin acceso a trabajo formal.
La urgencia era clara: Pakistán tiene apenas 5% de superficie forestal, muy por debajo del promedio mundial. Además, es uno de los países más golpeados por inundaciones extremas, sequías, olas de calor y escasez de agua.

Estudios independientes basados en imágenes satelitales detectaron un crecimiento neto de áreas boscosas en zonas intervenidas, además de una reducción de la deforestación gracias al cierre de sectores al pastoreo y una mayor protección ambiental.
Sin embargo, expertos advierten que los beneficios completos tardarán años en verse. Los árboles recién plantados necesitan tiempo para crecer y generar impacto real sobre el clima, la biodiversidad y la calidad del aire.
Aun así, el mensaje es contundente: mientras el mundo busca soluciones, Pakistán decidió actuar a gran escala.









