Una ballena jorobada sorprendió a científicos al completar un viaje de más de 2.500 kilómetros en apenas dos semanas, revelando lo que podría ser una nueva ruta migratoria entre la Patagonia argentina y la Antártida.
El ejemplar, bautizado “Popa” (ballena jorobada), fue monitoreado por la Fundación Rewilding Argentina mediante un dispositivo satelital. El seguimiento comenzó en enero de 2026 en el Parque Provincial Patagonia Azul, donde permaneció más de un mes antes de iniciar su viaje hacia el sur.

Entre el 24 de febrero y el 16 de marzo, la ballena nadó casi sin interrupciones hasta llegar a las cercanías de las Islas Orcadas del Sur, una zona clave del Atlántico Sur. Allí permaneció algunos días antes de continuar hacia la Península Antártica.
Los investigadores destacan que este recorrido no solo evidencia la velocidad del desplazamiento, sino también patrones de comportamiento poco conocidos, lo que podría indicar una ruta migratoria distinta, más cercana a la costa de lo que se creía hasta ahora.
Desde 2021, el proyecto ha identificado más de 200 ballenas jorobadas en la región, pero este caso encendió además una señal de alerta: la zona donde “Popa” se detuvo a alimentarse coincide con áreas de pesca industrial intensiva de krill, un recurso clave para el ecosistema marino.
Según los especialistas, la actividad de grandes buques en esa región podría afectar el equilibrio natural y poner en riesgo a especies que dependen de este alimento, incluidas las propias ballenas.
El hallazgo abre nuevas preguntas sobre cómo se conectan las rutas migratorias en el Atlántico Sur y, al mismo tiempo, refuerza la necesidad de proteger estos corredores naturales cada vez más expuestos a la actividad humana.








