En el sur de Mendoza, existe un lugar que parece sacado de otro planeta: el Volcán Malacara, una de las pocas formaciones geológicas del mundo que permite ser explorada desde su interior.
Ubicado a unos 45 kilómetros de Malargüe, este volcán inactivo sorprende por sus enormes cárcavas, pasadizos y grietas formadas por antiguas erupciones hidromagmáticas, producto del choque entre magma y agua subterránea. El resultado es un paisaje impactante: paredes de hasta 30 metros de altura, túneles naturales y formaciones de tonos ocres que envuelven al visitante.

La experiencia arranca en el Puesto Quesada, desde donde se accede a la base para comenzar un trekking de dificultad moderada. Durante el recorrido, se atraviesan sectores emblemáticos como “Los Puentes” y las “Cárcavas Oscuras”, además de la famosa cárcava “Tyto Alba”, hogar de la lechuza blanca que le da nombre.
Caminar por el interior del volcán es una sensación única: paredes que se cierran, senderos estrechos y una geografía que parece viva, formada por capas de material volcánico acumulado durante miles de años.

Al salir, el paisaje cambia por completo. Desde los miradores se pueden observar la Laguna de Llancanelo, la Agencia Espacial Europea con su antena DS3, y la imponente Cordillera de los Andes. A lo lejos, también aparece La Payunia, una de las regiones con mayor concentración de volcanes del continente.
La excursión dura unas cinco horas en total y es apta para toda la familia, aunque requiere calzado adecuado, abrigo y buena hidratación.
Más que una caminata, recorrer el Malacara es entrar literalmente en la historia geológica del planeta. Un destino distinto, salvaje y todavía poco conocido.







