A partir del 15 de octubre, una de las reliquias más veneradas de la Navidad cristiana cambiará temporalmente de ubicación en Roma. La Sagrada Cuna, conservada en la Basílica Papal de Santa María la Mayor, será trasladada a un altar lateral para que los fieles y peregrinos puedan contemplarla más de cerca mientras se restauran su relicario y el espacio histórico que la alberga.
La exposición se extenderá durante varias semanas y permitirá observar de cerca una pieza vinculada, según la tradición cristiana, al nacimiento de Jesús en Belén. El traslado no responde únicamente a una cuestión de conservación: también ofrecerá una oportunidad especial para acercarse a uno de los elementos que marcaron la identidad religiosa y artística de esta basílica romana.
Las maderas que recuerdan al pesebre de Belén
La reliquia está compuesta por cinco finas piezas de madera de sicomoro, tradicionalmente identificadas como fragmentos del pesebre en el que María habría recostado a Jesús después de su nacimiento.

La tradición vincula su llegada a Roma con la devoción que surgió alrededor de los lugares asociados a la Natividad y con San Jerónimo, quien vivió durante muchos años en Belén entre los siglos IV y V. Con el paso del tiempo, el culto a la Sagrada Cuna se convirtió en una parte fundamental de la historia de Santa María la Mayor.
La relación de la basílica con el nacimiento de Cristo fue tan estrecha que antiguamente también era conocida como Santa Maria ad Praesepe, una expresión que significa «Santa María en el pesebre».
Un relicario con más de dos siglos de historia
El lugar que ocupa la Sagrada Cuna reúne distintas etapas de la historia artística de Roma. En 1802, el arquitecto Giuseppe Valadier diseñó un relicario especial para proteger las maderas, con una forma que evocaba una cuna y representaba visualmente el misterio de la Natividad.
Décadas más tarde, el papa Pío IX impulsó la creación de un espacio monumental para alojar la reliquia. Entre 1861 y 1864, el arquitecto Virginio Vespignani construyó la gran Confesión, situada frente al Altar Papal.
La obra incorporó aproximadamente 70 variedades de mármoles policromados, en su mayoría procedentes de excavaciones realizadas entonces en Roma y Ostia. El conjunto se convirtió en una de las intervenciones artísticas más destacadas del siglo XIX dentro de la basílica.
Ahora, ese espacio será objeto de una restauración que busca preservar tanto su valor histórico como las condiciones necesarias para conservar adecuadamente las reliquias.
Una nueva vitrina y un mosaico inspirado en la Natividad
Uno de los principales cambios será la renovación de la estructura interna del relicario. El sistema actual, compuesto por paneles de madera, ya no garantiza condiciones de conservación óptimas y uniformes, por lo que será reemplazado por una nueva vitrina con controles de seguridad, estabilidad y microclima.
El diseño deberá integrarse con la arquitectura histórica de la Confesión sin alterar la identidad del conjunto. Además, detrás del pesebre se incorporará un mosaico azul con esmaltes de vidrio y teselas doradas, concebido para evocar simbólicamente el cielo de la Natividad.
Los trabajos estarán supervisados por la Dirección de Museos y Patrimonio Cultural de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano y serán realizados por la empresa Progetto Arte Poli, de Verona.
Dónde se podrá ver la Sagrada Cuna durante la restauración
Mientras duren las obras, el relicario será instalado en uno de los altares laterales de la nave derecha, cerca de la Capilla Sixtina de la basílica. Esta ubicación permitirá a los visitantes acercarse a la reliquia y, al mismo tiempo, establecer una conexión visual con la Anunciación, la pintura del siglo XVIII realizada por Pompeo Batoni.

La disposición propone un recorrido simbólico dentro del templo: primero, la escena en la que el ángel anuncia a María el nacimiento de Jesús y, después, el recuerdo material del pesebre asociado a ese acontecimiento.
La ubicación será temporal. Según la tradición de la basílica, el 24 de diciembre la Sagrada Cuna será trasladada solemnemente al Altar Papal, donde permanecerá durante las celebraciones navideñas.
Finalmente, con la llegada de la Epifanía, el relicario regresará a su emplazamiento histórico, que para entonces contará con la nueva vitrina y el mosaico restaurado. Así, una intervención destinada a mejorar la conservación de una reliquia centenaria también permitirá que los peregrinos tengan, durante varias semanas, una oportunidad poco habitual de contemplarla de cerca.









