Hallan en Egipto dos estatuas de Ramsés II con inscripciones jeroglíficas intactas tras 3.000 años bajo tierra

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Los colosos fueron descubiertos en un campo de cultivo del Delta del Nilo y conservan inscripciones jeroglíficas que permiten identificar al faraón. Una de las piezas habría alcanzado los 8,5 metros de altura y las excavaciones continúan para revelar nuevos detalles sobre el antiguo Egipto.

Un hallazgo arqueológico sorprendió a los especialistas en Egipto, donde dos estatuas monumentales del faraón Ramsés II fueron desenterradas después de permanecer durante unos 3.000 años bajo un campo de cultivo. Las piezas aparecieron en Behbeit el-Hagar, una localidad del Delta del Nilo situada a aproximadamente 100 kilómetros al norte de El Cairo, y conservan rasgos faciales e inscripciones que permiten reconstruir parte de su historia.

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El descubrimiento comenzó cuando un vecino encontró un bloque de piedra con inscripciones en un terreno ubicado frente a su casa. Al advertir que podía tratarse de un objeto arqueológico, dio aviso a las autoridades, que enviaron especialistas para investigar el lugar. A partir de ese primer indicio, una misión del Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto inició excavaciones de rescate que permitieron recuperar los restos de dos esculturas reales de grandes dimensiones.

La primera pieza corresponde a una cabeza colosal de 1,60 metros de altura. El faraón aparece representado con la doble corona, un símbolo asociado con la unificación del Alto y el Bajo Egipto. Junto a la cabeza también se recuperó una parte del pilar dorsal de la estatua, en la que se conserva una inscripción con uno de los títulos reales del gobernante, conocido como Her Ka Necht Meri Maat.

Las dimensiones del fragmento permiten imaginar la escala que habría tenido el monumento completo. Según explicó Hisham el-Laithy, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, la cabeza descubierta indica que la estatua, incluida su base, podría haber alcanzado aproximadamente 8,5 metros de altura.

La segunda escultura presenta características diferentes. Se trata de una pieza de 2,40 metros de longitud a la que le faltan las piernas y la base. El faraón está representado con el tocado real conocido como nemes, una prenda que cubría la cabeza y caía a ambos lados del rostro. Aunque la parte superior de este elemento está parcialmente perdida, los rasgos faciales se conservaron con notable claridad.

Los investigadores observaron similitudes entre los rostros de ambas esculturas, una característica que contribuye a respaldar su atribución a Ramsés II, uno de los gobernantes más conocidos del antiguo Egipto. Su reinado, durante el siglo XIII antes de Cristo, estuvo marcado por grandes proyectos arquitectónicos, monumentos dedicados a su figura y una intensa actividad constructiva que dejó huellas en distintos puntos del territorio egipcio.

Otro de los elementos destacados apareció aproximadamente a un metro al norte de la segunda estatua. Se trata de un bloque de granito rosa de 1,30 metros de longitud que conserva inscripciones jeroglíficas con dos títulos reales del faraón: Nesut Bity, que significa «Rey del Alto y el Bajo Egipto», y Sa Ra, traducido como «Hijo de Ra».

Estas inscripciones tienen un valor especial para los arqueólogos, ya que permiten identificar al personaje representado y aportan información sobre la manera en que los gobernantes egipcios expresaban su autoridad. Los títulos reales vinculaban al faraón con el poder político, la tradición religiosa y la legitimidad de su gobierno, por lo que su conservación constituye una fuente relevante para estudiar la historia del período.

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El ministro de Turismo y Antigüedades de Egipto, Sherif Fathy, destacó la importancia del descubrimiento para ampliar el conocimiento sobre Behbeit el-Hagar y su pasado. También puso el foco en la participación del vecino que alertó a las autoridades, al considerar que su intervención demuestra el papel que puede desempeñar la comunidad en la protección del patrimonio cultural.

La zona donde aparecieron las esculturas tiene una larga historia arqueológica. Behbeit el-Hagar es conocida por los restos de un antiguo templo dedicado a Isis, una de las principales diosas de la religión egipcia, vinculada con la maternidad, la protección y la regeneración. El complejo fue construido principalmente con bloques de granito y tuvo importancia religiosa durante períodos posteriores de la historia faraónica, especialmente durante el Período Tardío y la época ptolemaica.

La presencia de las estatuas de Ramsés II en este entorno abre nuevos interrogantes sobre la historia del lugar y las transformaciones que experimentó a lo largo de los siglos. Los especialistas buscan determinar cómo se relacionan las piezas recuperadas con otros vestigios de la zona y si formaron parte de una estructura monumental cuyos restos todavía permanecen enterrados.

Las excavaciones continúan con el objetivo de identificar nuevos fragmentos y comprender mejor la disposición original de las esculturas. La investigación también podría aportar información sobre la utilización del espacio y la evolución arquitectónica de Behbeit el-Hagar durante la Antigüedad.

Aunque todavía quedan preguntas por resolver, el hallazgo permite recuperar elementos de una época en la que los monumentos reales cumplían una función política, religiosa y simbólica. La conservación de los rostros y de las inscripciones ofrece a los investigadores nuevas evidencias para estudiar cómo se representaba Ramsés II y de qué manera se difundían sus títulos y su autoridad.

El descubrimiento también vuelve a poner de relieve la riqueza arqueológica del Delta del Nilo, una región donde los restos de antiguas construcciones pueden permanecer ocultos durante siglos bajo terrenos que hoy se utilizan para actividades agrícolas. En este caso, la observación de un vecino permitió iniciar una investigación que podría contribuir a reconstruir una nueva parte de la historia del antiguo Egipto.

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