Los ejemplares aparecieron en distintos puntos de la costa de Chubut y los especialistas investigan las causas. Entre las hipótesis figuran la presencia de bacterias y las biotoxinas asociadas a la marea roja, mientras crece la preocupación por la posibilidad de superar el récord anual de mortalidad registrado en 2012.
La aparición de cinco ballenas muertas en apenas 48 horas en Puerto Madryn y sus alrededores encendió las alarmas entre las autoridades y los especialistas que trabajan en la conservación de la fauna marina. Los ejemplares fueron encontrados en diferentes sectores de la costa de Chubut y, por el momento, se investigan las posibles causas de las muertes para determinar si existe algún factor común entre los casos.

Uno de los hallazgos más recientes se produjo el martes, cuando una ballena franca austral apareció sin vida en una playa cercana a las calles Roca y 9 de Julio, en una zona céntrica de Puerto Madryn. La presencia del animal obligó a desplegar un operativo para retirarlo del lugar y permitir que los equipos especializados pudieran trabajar.
Este episodio se sumó a otros cuatro registrados durante el fin de semana largo. Los ejemplares fueron encontrados en Playa Kaiser, la Curva del Indio, Playa Paraná y en la franja costera ubicada entre la sede de Prefectura Naval y el Club Náutico Atlántico Sud.
La concentración de casos en un período tan breve generó preocupación entre los investigadores, que buscan establecer si las muertes responden a una misma causa o si se trata de episodios independientes. Para avanzar en esa dirección, el Programa de Monitoreo Sanitario de Ballena Franca Austral inició la recolección de muestras y los procedimientos necesarios para analizar los cuerpos.
Las investigaciones contemplan estudios sobre los tejidos de los animales y evaluaciones del ambiente marino. Uno de los principales desafíos consiste en obtener muestras en condiciones adecuadas antes de que avance la descomposición, un proceso que puede dificultar los análisis y reducir las posibilidades de identificar el origen de la muerte.
Aunque todavía no existe una explicación confirmada, una de las hipótesis que se analiza es la posible presencia de bacterias en el ambiente marino. Los especialistas también estudian la eventual intervención de biotoxinas vinculadas con floraciones algales nocivas, un fenómeno conocido como marea roja que puede afectar a distintas especies de la fauna marina.
Estas floraciones se producen cuando determinadas microalgas proliferan en el agua y algunas de ellas generan sustancias tóxicas. Las biotoxinas pueden incorporarse a la cadena alimentaria marina y llegar a diferentes animales a través de sus presas. Según los investigadores, esta posibilidad requiere estudios específicos para determinar si pudo haber influido en los casos registrados en la costa chubutense.
La investigadora Valeria D’Agostino advirtió sobre el impacto que pueden tener estas sustancias en los ecosistemas marinos. Las toxinas presentes en el plancton pueden transmitirse a través de la red trófica y afectar seriamente la salud de los animales expuestos. Sin embargo, hasta que finalicen los análisis, no es posible atribuir las muertes recientes a este fenómeno.
Otra línea de investigación apunta a las condiciones ambientales de las últimas semanas. Algunos especialistas plantearon la posibilidad de que el fenómeno de El Niño y las inundaciones registradas en el Litoral argentino y el sur de Brasil puedan tener alguna relación con los cambios observados en el entorno marino. Por ahora, esta alternativa tampoco fue confirmada y deberá evaluarse junto con los resultados de los estudios sanitarios.

Para comprender qué ocurrió, los equipos científicos consideran fundamental analizar no solo los restos de las ballenas, sino también las condiciones del agua en los golfos Nuevo y San José. Los estudios permitirían detectar la eventual presencia de microorganismos o sustancias que pudieran estar afectando a la fauna y determinar si existe una relación entre el ambiente y los episodios de mortalidad.
Las necropsias de cetáceos de gran tamaño representan un desafío técnico importante. Los investigadores necesitan actuar con rapidez para recuperar tejidos y preservar las muestras antes de que se deterioren. Por ese motivo, la coordinación entre los equipos científicos y las autoridades que trabajan en la costa resulta clave para reunir evidencia que permita esclarecer lo sucedido.
Mientras avanzan las investigaciones, las autoridades sanitarias recomendaron a la población no acercarse ni tocar a las ballenas varadas o muertas en las playas. La medida busca reducir posibles riesgos de exposición a agentes infecciosos y evitar interferencias con los procedimientos de evaluación y retiro de los ejemplares.
La preocupación también está relacionada con la cantidad de muertes registradas en el año. Si la tendencia continúa, las cifras podrían superar el récord de 113 fallecimientos de ballenas registrado en 2012. Ese antecedente funciona como referencia para dimensionar la situación, aunque todavía será necesario conocer el número acumulado de casos y determinar qué factores explican los episodios actuales.
Ante este escenario, las autoridades intensificaron los patrullajes en distintos sectores del litoral para detectar nuevos ejemplares y facilitar la intervención de los equipos especializados. El seguimiento permitirá reunir información sobre la distribución de los animales muertos y establecer si aparecen nuevos casos en las próximas jornadas.
La ballena franca austral es una de las especies emblemáticas de la costa patagónica y el Golfo Nuevo constituye una zona importante para su presencia estacional. Por eso, los episodios de mortalidad generan especial atención entre quienes estudian su comportamiento, su estado sanitario y las condiciones del ecosistema del que depende.
Por el momento, las causas de las cinco muertes recientes continúan bajo investigación. Los análisis de tejidos y agua serán determinantes para comprobar si existe un agente común y evaluar la posible participación de bacterias, biotoxinas u otros factores ambientales. Hasta contar con resultados concluyentes, los especialistas mantienen abiertas las distintas hipótesis y continúan con las tareas de monitoreo en la costa de Puerto Madryn.









