En China crece un negocio inesperado para combatir la soledad y acompañar a los adultos mayores

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Redactora
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En China, cada vez más personas recurren a servicios pagos para encontrar compañía, recibir ayuda en sus hogares o enfrentar situaciones cotidianas que se vuelven difíciles de resolver en soledad. En este contexto, surgió una industria que transforma el acompañamiento humano en un servicio y que busca responder a una necesidad creciente en la sociedad.

Uno de los casos es el de Yang, una mujer de 91 años que vive en las afueras de Pekín. Después de la muerte de su marido, comenzó a sentirse profundamente sola. La situación se agravó por el glaucoma que deterioró su visión y le dificultó realizar tareas básicas, como ajustar el aire acondicionado de su casa.

“La mayor dificultad fue, sin duda, la soledad. A veces, si quería hablar con alguien, hablaba con la televisión”, contó.

Su vida cambió cuando conoció a Wang Yingwei y a su pequeño equipo de reparto en patinete eléctrico. Al principio, iban dos veces al día para llevarle comidas calientes, pero con el tiempo comenzaron a ayudarla con otras necesidades domésticas y a ofrecerle algo que no se consigue con una entrega a domicilio: compañía.

El equipo puede resolver problemas sencillos, como reparar una ducha, reemplazar una pieza rota o instalar un sistema de filtrado de agua. Son tareas que para otras personas pueden parecer menores, pero que se convierten en obstáculos importantes para quienes viven solos y tienen dificultades de movilidad o visión.

“Los ancianos nos tratan como a sus hijos, y nosotros los tratamos como a nuestros propios padres”, explicó Yingwei.

Un servicio que busca evitar la soledad y las residencias

Yingwei, que anteriormente trabajaba como vendedor de teléfonos móviles, creó su empresa después de que su suegro, que padecía alzhéimer, tuviera que ingresar en una residencia de ancianos. Según relató, las condiciones que encontró allí lo llevaron a buscar alternativas para que otras personas mayores pudieran permanecer en sus hogares durante más tiempo.

Actualmente, su negocio emplea a cuatro personas y cobra menos de la mitad de lo que cuesta contratar a un cuidador. Aunque todavía no existen estadísticas fiables sobre la dimensión de esta actividad, la empresa de valores Sinolink estimó que el sector alcanzó un valor de US$ 7.400 millones en 2025.

La demanda también se relaciona con los cambios en las estructuras familiares y las formas de vida. En muchas ciudades chinas, los jóvenes se trasladan por motivos laborales y dejan atrás sus redes de apoyo. Otros se mudan a lugares donde no tienen familiares ni amistades cercanas, lo que puede dificultar la construcción de vínculos.

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Un ejemplo es Zheng Ruizhi, de 75 años, cuyo hijo vive a dos horas de distancia. Después de jubilarse, tuvo menos oportunidades de socializar y una lesión reciente le dificultó realizar algunas tareas cotidianas. Las visitas de Yingwei se convirtieron en una fuente de compañía y tranquilidad.

“Cuando me ayudas, no tengo ninguna preocupación ni miedo”, le expresó.

También contratan compañía para ir al médico o hacer senderismo

La industria no se limita a las necesidades de los adultos mayores. En China también existen servicios para quienes necesitan compañía en situaciones específicas, desde acudir a una consulta médica hasta realizar una actividad al aire libre.

Liu Yanyan, de 23 años, trabaja como acompañante médica. Su tarea consiste en acompañar a pacientes a hospitales, retirar resultados de análisis o buscar medicamentos. Los grandes centros médicos y sus procedimientos burocráticos pueden resultar intimidantes, especialmente para quienes no tienen a alguien de confianza que los acompañe.

Entre sus clientes hay jóvenes que se mudaron a Pekín para trabajar y que no cuentan con una red cercana de amistades. Para algunos, contratar a una persona resulta más sencillo que pedir ayuda a un compañero, ya que sienten que una invitación gratuita podría generar una obligación de reciprocidad.

También hay propuestas vinculadas con el turismo y el deporte. Wang Zhoutao, un exsoldado que organiza excursiones de senderismo en la montaña Huangshan, en la provincia de Anhui, ofrece acompañamiento durante las caminatas. Además de guiar a sus clientes, los anima cuando se cansan, les toma fotografías y busca ayudarlos a superar sus propios límites.

Según explicó, muchas de las personas que contratan sus servicios atraviesan dificultades personales, laborales o familiares y encuentran en la actividad una oportunidad para recuperar la confianza.

Por qué cada vez más personas pagan por compañía

Para la profesora asociada Teresa Kuan, de la Universidad China de Hong Kong, el aislamiento está relacionado con las estructuras sociales y las formas actuales de vincularse. En una sociedad donde el ritmo de vida es acelerado y las personas deben afrontar presiones laborales y familiares, construir relaciones cercanas puede resultar complicado.

En ese escenario, pagar por compañía ofrece una alternativa con límites más claros que una amistad convencional. Quienes contratan estos servicios saben qué pueden esperar de la otra persona y no sienten necesariamente la misma obligación emocional o social que aparece en los vínculos cotidianos.

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Sin embargo, el fenómeno también plantea una contradicción: la conexión humana, una necesidad fundamental, se está convirtiendo en un servicio que se compra.

Para Yang, la experiencia tuvo un impacto concreto en su vida. Después de recibir ayuda con los problemas de su hogar y encontrar personas con quienes conversar, asegura que logró superar buena parte de su aislamiento.

“Es bueno tener a alguien cerca cuando lo necesitas, alguien con quien puedas compartir tus pensamientos más íntimos”, afirmó.

A sus 91 años, dice sentirse más feliz y valora especialmente el vínculo que construyó con quienes la visitan. Su historia refleja cómo, frente a una soledad cada vez más extendida, algunas empresas buscan ofrecer algo que va mucho más allá de resolver tareas domésticas: la posibilidad de sentirse acompañado.

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