El pueblo de Asturias que parece salido de una película de Miyazaki y solo se puede visitar a pie

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Entre montañas, prados verdes y construcciones con techos vegetales, una aldea tradicional de España conserva un paisaje que recuerda a las películas de Studio Ghibli. Para llegar hay que caminar poco más de tres kilómetros desde Villar de Vildas, un pequeño pueblo reconocido por su belleza rural.

En el norte de España existe un rincón que parece pertenecer a un mundo de fantasía. En pleno Parque Natural de Somiedo, en Asturias, la braña de La Pornacal reúne antiguas construcciones de piedra con techos inclinados de vegetación, rodeadas de montañas, arroyos y praderas. Su estética recuerda a los escenarios de La princesa Mononoke, la película de Hayao Miyazaki estrenada en 1997, en la que una comunidad vive en armonía con la naturaleza.

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El paisaje conserva una forma de vida vinculada a la ganadería y a las tradiciones de montaña. Allí, las construcciones conocidas como teitos forman pequeños conjuntos rurales que parecen detenidos en el tiempo. El aislamiento y la arquitectura tradicional convierten a este lugar en uno de los rincones más singulares de Asturias, una región española reconocida por sus paisajes verdes y sus pueblos de montaña.

Villar de Vildas, el punto de partida de la aventura

Para conocer La Pornacal, el recorrido comienza en Villar de Vildas, una pequeña localidad de alrededor de 90 habitantes situada en el corazón del Parque Natural de Somiedo, declarado Reserva de la Biosfera. En 2004, el pueblo recibió el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias, un reconocimiento a la conservación de sus tradiciones y su entorno.

Sus calles empedradas, los hórreos tradicionales y las casas rurales conviven con pequeños tractores, muros de piedra y el sonido constante del agua. Rodeado de altas montañas, el pueblo transmite una sensación de aislamiento que forma parte de su atractivo. Allí termina la carretera y comienza el camino hacia uno de los paisajes más particulares de la región.

El nombre de Villar de Vildas también está asociado a una antigua leyenda. Según una de las versiones, su topónimo aludiría a las viudas que habrían quedado en el lugar después de que sus maridos murieran durante enfrentamientos con invasores musulmanes. La historia forma parte del imaginario local y refuerza el carácter singular de esta pequeña comunidad asturiana.

Una caminata entre montañas hasta la aldea escondida

A diferencia de otros pueblos rurales, a La Pornacal solo se puede llegar caminando. El sendero comienza a unos 400 metros del centro de Villar de Vildas y avanza por una pista ancha y bien señalizada que acompaña el curso del río Pigüeña.

Durante el recorrido, el paisaje alterna prados delimitados por muros de piedra, vegetación abundante y montañas que enmarcan el valle. Después de aproximadamente un kilómetro aparece Vildéu, una primera braña que anticipa el tipo de construcciones tradicionales que esperan más adelante.

La caminata continúa hasta alcanzar La Pornacal, situada a unos 1.400 metros de altitud. El trayecto tiene una extensión aproximada de 3,6 kilómetros y demanda alrededor de una hora y diez minutos a un ritmo tranquilo. Para quienes quieran prolongar la excursión, existe la posibilidad de continuar hasta la braña de los Cuartos.

El acceso exclusivamente peatonal es parte de la experiencia. Sin tránsito de vehículos ni grandes infraestructuras turísticas, el camino permite descubrir el paisaje de manera gradual, hasta que las construcciones aparecen entre los pastos y las laderas verdes.

Los teitos, las construcciones que parecen sacadas de una película

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La Pornacal conserva más de 30 teitos distribuidos en cuatro pequeños núcleos, una de las concentraciones mejor preservadas de este tipo de arquitectura tradicional en Somiedo. Estas construcciones se utilizaban como refugio para el ganado y como alojamiento temporal de los pastores durante los meses cálidos.

Sus paredes están levantadas con piedra caliza y otros materiales de la zona, con muros que pueden alcanzar unos 80 centímetros de grosor. Esta característica ayudaba a proteger el interior de las bajas temperaturas propias de la montaña.

Sin embargo, lo que más llama la atención son sus techos vegetales, elaborados con escoba y sostenidos por estructuras de madera de haya y avellano. Las cubiertas, gruesas y muy inclinadas, están adaptadas a las condiciones climáticas y recuerdan a las viviendas rurales que aparecen en las películas de animación japonesa.

En el interior, la distribución respondía a las necesidades de la vida ganadera. La parte inferior se destinaba a los animales, mientras que el espacio superior, conocido como pachar, servía para almacenar heno y podía utilizarse también como lugar de descanso para el pastor.

Estas construcciones están estrechamente relacionadas con la tradición de los vaqueiros de alzada, grupos de pastores que practicaban la trashumancia estacional. Durante la primavera y el verano trasladaban el ganado hacia las zonas altas para aprovechar los pastos frescos y regresaban a los pueblos del valle cuando llegaba el frío.

Un paisaje que conserva la esencia de la Asturias rural

La historia de La Pornacal está ligada a una forma de habitar la montaña en la que las actividades humanas se adaptaban al entorno natural. Mientras Villar de Vildas funcionaba como núcleo de residencia durante el invierno, las brañas permitían aprovechar los recursos de las zonas altas durante los meses de buen tiempo.

Hoy, ese sistema tradicional puede reconocerse en la disposición de las construcciones, los caminos y los prados que rodean la aldea. La arquitectura no fue concebida para atraer visitantes, sino para responder a las necesidades cotidianas de quienes vivían del ganado y de los recursos de la montaña.

El resultado es un paisaje que parece salido de un relato fantástico, aunque su origen es completamente real. A poco más de tres kilómetros de la última carretera, La Pornacal conserva una parte de la historia rural de Asturias y ofrece una experiencia diferente para quienes buscan recorrer España más allá de sus ciudades y destinos más conocidos.

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