Venecia enfrenta una nueva amenaza ambiental que va más allá de las mareas altas y el avance del mar. El calentamiento del Adriático está alterando el delicado equilibrio de la laguna veneciana, favoreciendo la expansión de especies invasoras que impactan de lleno en la biodiversidad y en la actividad pesquera local.

Entre los casos más preocupantes se encuentra la llamada medusa caníbal, un ctenóforo conocido como warty comb jelly o “nuez de mar”. Considerada una de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo, este organismo gelatinoso —capaz incluso de alimentarse de sus propias crías— está presente en el Adriático desde hace casi una década. Investigaciones de la Universidad de Padua y del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Aplicada (OGS) advierten que el aumento de la temperatura del agua creó condiciones ideales para su proliferación.
Los estudios detectaron picos de reproducción a fines de la primavera y entre el final del verano y el comienzo del otoño, cuando se combinan temperaturas elevadas y niveles de salinidad adecuados. Su expansión preocupa porque es una voraz depredadora de zooplancton, además de consumir huevos y larvas de peces y bivalvos, especies clave tanto para el ecosistema como para la economía regional.
A esta situación se suma el avance del cangrejo azul gigante, un crustáceo exótico que habría llegado al norte del Adriático en el siglo XX a través del agua de lastre de los barcos. Aunque su presencia no es nueva, en los últimos años su población creció de forma acelerada. La razón es clara: no tiene depredadores naturales y el agua más cálida lo vuelve más activo y voraz durante todo el año.

Con sus poderosas pinzas, el cangrejo azul depreda almejas, mejillones, ostras y los tradicionales moeche venecianos, además de romper redes de pesca, generando pérdidas económicas significativas. Como respuesta, surgieron propuestas para comercializarlo como alimento e incorporarlo a los menús locales. Sin embargo, especialistas advierten que esta solución podría poner en riesgo las tradiciones pesqueras y culinarias del Adriático.
Mientras el cambio climático sigue modificando las condiciones del mar, Venecia se enfrenta a un desafío silencioso pero profundo: proteger su ecosistema lagunar y su identidad productiva frente a invasores que llegaron para quedarse.







