Aparece roto uno de los colmillos del icónico elefante de Bernini en Roma

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La emblemática escultura del elefante diseñada por Gian Lorenzo Bernini apareció con uno de sus colmillos rotos en la noche del martes en el centro de Roma. La obra, conocida popularmente como el “elefantino”, sostiene un obelisco en la histórica Plaza de la Minerva y es uno de los símbolos más reconocibles de la capital italiana.

La alarma se activó alrededor de las 21:00, cuando se notificó a la Superintendencia municipal tras constatar que uno de los colmillos estaba dañado. El fragmento desprendido fue hallado en el suelo y entregado a los técnicos, que ahora analizarán el alcance del deterioro y definirán el proceso de restauración.

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No es la primera vez que la escultura sufre un episodio similar. Entre el 13 y el 14 de noviembre de 2016, el colmillo izquierdo también fue roto por desconocidos y abandonado junto a la obra. En esta ocasión, aún se investiga si el daño fue producto de vandalismo, un accidente o consecuencia de las fuertes lluvias registradas en los últimos días.

La policía solicitó las imágenes de las cámaras de videovigilancia de la zona para reconstruir lo sucedido. El ministro de Cultura, Alessandro Giuli, calificó el hecho como “inaceptable” y aseguró apoyo total a la Superintendencia de Roma para la pronta restauración de la escultura, a la que definió como “uno de los símbolos más significativos de la capital”.

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El monumento fue diseñado por Bernini en 1667 y ejecutado por su discípulo Ercole Ferrata. La estatua mide aproximadamente 5,5 metros de altura —12 metros contando la cruz del obelisco— y fue instalada por decisión del papa Alejandro VII frente a la iglesia de los dominicos como símbolo de la Sabiduría Divina.

El elefante representa la fuerza necesaria para sostener el conocimiento, tal como lo indica la inscripción en su base. Sin embargo, su construcción no estuvo exenta de polémica: los dominicos cuestionaron el diseño original por considerar que el animal no soportaría el peso del obelisco. Finalmente, se incorporó un refuerzo estructural bajo el vientre, camuflado con un elaborado jaez. Según la tradición popular, Bernini, molesto por las críticas, orientó el voluminoso trasero del elefante hacia el convento dominico como gesto de revancha.

Mientras avanzan las investigaciones, Roma vuelve a enfrentar un nuevo episodio que pone en alerta la conservación de su vasto patrimonio histórico y artístico.

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