Argentina resguarda en su territorio un tesoro natural único en el planeta. Se trata de un ejemplar de Fitzroya cupressoides, conocido como el Alerce Abuelo, considerado por especialistas como el segundo árbol más viejo del mundo con edad científicamente comprobada. Este gigante milenario se encuentra en la Patagonia andina, dentro de la provincia de Chubut.
Con una antigüedad certificada de 2.630 años, el Alerce Abuelo es el ser vivo más longevo de la Argentina y solo es superado por un árbol ubicado en Estados Unidos. Su historia comenzó mucho antes de la era moderna y atravesó incendios, erupciones volcánicas y drásticos cambios climáticos, convirtiéndose en un verdadero símbolo de resistencia natural.

Además de su edad extraordinaria, el ejemplar impresiona por sus dimensiones: alcanza los 57 metros de altura, lo que lo convierte en el árbol más alto de Sudamérica, y posee un tronco de casi 2,80 metros de diámetro, una estructura que lo transforma en un auténtico monumento viviente.
Su longevidad se explica, en gran parte, por su crecimiento extremadamente lento. En las duras condiciones de la Patagonia —con suelos pobres y un clima riguroso— estos árboles crecen apenas un milímetro por año. Esa lentitud les permite desarrollar una madera densa y resistente, capaz de perdurar durante siglos.
El Alerce Abuelo vive en el Parque Nacional Los Alerces, un área protegida de 260.000 hectáreas cercana a la ciudad de Esquel, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2018. Llegar hasta él no es sencillo: el recorrido combina navegación y senderismo, una dificultad que ha funcionado como barrera natural para protegerlo de la intervención humana.

La determinación de su edad fue posible gracias a la dendrocronología, una técnica científica que permite contar los anillos de crecimiento del árbol sin dañarlo. A través de la extracción de una pequeña muestra del tronco, los investigadores pudieron establecer con precisión cada año de vida del ejemplar.
Así, en el sur argentino, se conserva uno de los tesoros biológicos más antiguos del mundo, un árbol que sigue en pie como testigo silencioso de más de dos milenios de historia natural.







