Capri endurece las reglas para el verano: límites a grupos, menos ruido y nuevos controles en el puerto

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Redactora
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La isla italiana de Capri aplicará este verano boreal un paquete de nuevas restricciones para ordenar la llegada masiva de turistas. El municipio busca preservar su atmósfera exclusiva y mejorar la convivencia en temporada alta, cuando puede recibir hasta 50.000 visitantes diarios, frente a una población residente que ronda entre 13.000 y 15.000 habitantes.

Las medidas apuntan principalmente a los grupos organizados, habituales en excursiones de un día desde el continente.

Límites al tamaño de los grupos

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A partir de esta temporada, solo podrán desembarcar en la isla grupos de hasta 40 personas. Además, cuando superen los 20 integrantes, los guías tendrán prohibido utilizar altavoces. En su lugar, deberán proporcionar auriculares o receptores individuales a cada visitante para reducir la contaminación acústica en calles y miradores.

También quedará prohibido el uso de paraguas, banderas u otros elementos llamativos para identificar grupos. Los guías solo podrán portar una pequeña paleta o cartel reglamentario.

La medida busca evitar el colapso de los espacios públicos y mejorar la circulación en puntos críticos como la zona del puerto y las estrechas calles del centro histórico.

Más controles en Marina Grande

El alcalde Paolo Falco adelantó que el municipio también trabaja en un plan para regular el flujo de embarcaciones en Marina Grande, principal puerta de entrada a la isla.

Allí se concentran miles de visitantes que luego se trasladan en funicular o autobús hacia el centro de Capri o hacia Anacapri. Entre las opciones que se analizan figura limitar los desembarcos a determinadas franjas horarias para evitar aglomeraciones y reforzar la seguridad.

Un modelo de turismo más sostenible

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Capri no es ajena a este tipo de decisiones. En la década de 1950 ya había impuesto normas de etiqueta para preservar su identidad. Hoy, la presión del turismo masivo obliga a actualizar esas reglas con un enfoque más estructural.

El sector hotelero y gastronómico respaldó la iniciativa. Empresarios locales aseguran que no se trata de excluir visitantes, sino de garantizar que todos puedan disfrutar la isla sin saturación ni desorden.

Estas restricciones se enmarcan en una tendencia creciente en Europa, donde destinos icónicos buscan equilibrar su atractivo internacional con la calidad de vida de los residentes y la experiencia del visitante.

Con estas nuevas reglas, Capri apuesta por un verano más organizado, con menos ruido, mayor control y un turismo que se adapte a la escala limitada de uno de los destinos más emblemáticos del Mediterráneo.

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