China transformó la cima de una montaña en una pista aérea de 2,6 kilómetros, creando un aeropuerto a 1.700 metros sobre el nivel del mar donde antes solo había roca. El megaproyecto, asociado al Aeropuerto de Chongqing Wushan, buscó romper el aislamiento de la región de las Tres Gargantas y mejorar la conectividad con el resto del país.
La obra comenzó en 2015 y fue inaugurada el 16 de agosto de 2019, tras seis años de trabajos ininterrumpidos. En lugar de aprovechar un valle natural, los ingenieros optaron por nivelar un pico montañoso, reconfigurando completamente el terreno mediante detonaciones controladas, excavaciones masivas y rellenos técnicos.
De montaña irregular a meseta operativa

El proyecto partió de un pico de unos 1.800 metros con desniveles incompatibles con la aviación comercial. La estrategia fue clara: extraer material de las zonas más altas y utilizarlo para rellenar depresiones, formando una gran plataforma artificial.
En el proceso participaron aproximadamente 800 máquinas y 2.000 trabajadores en turnos continuos. Debido a la dureza de la roca y el acceso complejo, el uso de explosivos fue indispensable para abrir el frente de obra.
El terreno rellenado fue sometido a compactación dinámica, garantizando estabilidad geotécnica en una infraestructura que no admite variaciones estructurales significativas. Las lluvias intensas obligaron a implementar sistemas de drenaje de emergencia y ajustes constantes en el cronograma.
Una pista preparada para aeronaves de hasta 70 toneladas
Con la plataforma lista, se construyó la pista de 2.600 metros, con subbases de piedra triturada compactada y capas de asfalto aplicadas bajo estrictos controles de temperatura —clave en zonas de gran altitud—.
El diseño permite operar aeronaves de hasta 70 toneladas. Además, se instalaron sistemas completos de navegación, iluminación, estaciones meteorológicas y protocolos de control de FOD (residuos peligrosos para motores y neumáticos), fundamentales en aeropuertos de montaña.
La terminal, de unos 3.500 m², combina estructura metálica y vidrio, mientras que el área de carga está preparada para mover hasta 1.200 toneladas, ampliando el impacto económico del aeropuerto más allá del transporte de pasajeros.

Una apuesta estratégica de largo plazo
El proyecto demandó una inversión cercana a US$123 millones y refleja una estrategia de planificación a largo plazo. Más que una obra de ingeniería monumental, representa una decisión estructural: convertir una barrera geográfica en infraestructura funcional permanente.
Hoy, donde antes había un pico rocoso, despegan y aterrizan vuelos comerciales que reducen tiempos de traslado y fortalecen la logística regional. La montaña no desapareció, pero la capacidad de atravesarla cambió por completo.








