China plantó 50 mil millones de árboles y levantó una muralla verde en pleno desierto que ya es más grande que Italia

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Redactora
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En el árido norte de China, donde durante décadas el desierto avanzó sin freno, hoy ocurre algo inédito: millones de árboles forman una gigantesca muralla verde que transforma arenas estériles en paisajes vivos. No es una obra de piedra ni de cemento, sino uno de los proyectos ambientales más ambiciosos del planeta.

Conocido como el Proyecto de Gran Reforestación del Norte de China, este plan comenzó en 1978 con un objetivo claro: frenar la desertificación que amenazaba ciudades, campos agrícolas y rutas estratégicas. Desde entonces, el país ya plantó más de 50 mil millones de árboles, creando una barrera vegetal de una escala difícil de imaginar.

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La iniciativa apunta directamente contra el avance del desierto de Gobi, responsable de tormentas de arena que durante años afectaron a grandes ciudades como Beijing. La muralla verde busca restaurar suelos degradados, proteger centros urbanos, aumentar la biodiversidad y absorber dióxido de carbono, convirtiéndose también en una herramienta clave frente al cambio climático.

Las cifras del proyecto impresionan. Para 2050, se prevé que esta reforestación cubra más de 4 millones de kilómetros cuadrados en 13 regiones del norte, noreste y noroeste del país, lo que equivale a casi el 42% del territorio chino. Su extensión total sería mayor que la superficie de Italia.

Sin embargo, el megaproyecto no está exento de críticas. Especialistas señalan que muchos árboles no sobreviven al clima extremo y que durante años se utilizaron especies no nativas plantadas en monocultivos, lo que limita la biodiversidad. Además, los bosques consumen grandes volúmenes de agua, un recurso escaso en regiones desérticas, lo que podría agravar la sequía en algunas zonas.

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Otros expertos advierten que, pese a décadas de trabajo, el avance del desierto no se ha detenido por completo, y que la reducción de las tormentas de arena podría estar más relacionada con cambios climáticos globales que con la reforestación en sí.

Aun así, la llamada Gran Muralla Verde de China continúa creciendo y adaptándose. Hoy el proyecto incorpora drones sembradores, maquinaria especializada y la participación de miles de trabajadores y voluntarios. Además, se impulsan programas para diversificar las especies y fortalecer los ecosistemas a largo plazo.

Más allá del impacto ambiental, la muralla verde también tiene un fuerte efecto social y económico: genera empleo rural, protege infraestructura crítica y contribuye a la estabilidad de regiones fronterizas. Un experimento a escala continental que, entre aciertos y controversias, intenta demostrar que incluso el desierto puede volver a tener vida.

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