Caminar la Cordillera de los Andes podría convertirse, muy pronto, en una experiencia que combine aventura, historia y ciencia. Un ambicioso proyecto impulsado en Mendoza propone la creación de un sendero turístico de gran recorrido, diseñado no solo para el trekking, sino también para conocer y proteger el pasado oculto de la montaña.
La iniciativa se llama Sendero de Gran Recorrido de los Andes y plantea unir la provincia de Mendoza de norte a sur, a lo largo de más de 500 kilómetros de paisajes de alta montaña. A diferencia de otros circuitos turísticos, este camino se construye con respaldo científico y estrictos criterios de conservación del patrimonio natural y arqueológico.
Un sendero que cuenta la historia de la Cordillera
El proyecto es impulsado por el Ente Mendoza Turismo (Emetur) y cuenta con la participación de científicos del Conicet, quienes recorren zonas poco exploradas de la Cordillera para identificar, documentar y proteger sitios arqueológicos antes de que el sendero sea abierto al público.
La idea central es que caminar la montaña también sea una forma de leer su historia: entender cómo se desplazaban, vivían y utilizaban estos territorios los grupos humanos que habitaron la Cordillera mucho antes de la existencia de rutas modernas.

Ciencia aplicada al turismo de montaña
La travesía fue planificada junto al grupo de andinistas “Los Libertadores”, con la colaboración de guardaparques, clubes de montaña y personal del Ejército. La presencia de investigadores permitió sumar una mirada científica a cada decisión sobre el trazado del sendero, algo poco habitual en proyectos turísticos de esta escala.
El trabajo fue solicitado por la Dirección de Patrimonio de Mendoza y se articula a través de herramientas del Conicet. Participan dos institutos clave:
- El Idevea, que recorre el sur mendocino desde la laguna del Diamante.
- El ICB, encargado de relevar los tramos del norte hasta Punta de Vacas, en el límite con Chile.
Hallazgos que obligan a repensar el recorrido
En una primera etapa, los equipos científicos ya documentaron decenas de sitios inéditos en alta montaña. En el sur del sendero, el Idevea registró once sitios arqueológicos a lo largo de unos 200 kilómetros, ubicados a más de 2.200 metros de altura, una zona de la que se sabía muy poco.
Entre los descubrimientos más relevantes se identificaron estructuras habitacionales, un hallazgo poco documentado hasta ahora en la cordillera mendocina. Debido a que varios de estos sitios coinciden con el trazado previsto, los investigadores recomendaron modificar el recorrido para evitar daños. En otros casos, se evalúa incorporarlos como parte del atractivo turístico, siempre bajo planes de manejo estrictos.
En el tramo norte, los relevamientos del ICB permitieron identificar campamentos antiguos, mojones, aleros acondicionados y construcciones históricas, señales claras de una presencia humana intensa y sostenida en la alta montaña.
El legado inca en la Cordillera mendocina

Uno de los sectores más destacados del proyecto es la caldera del Diamante, donde se encontraron evidencias de ocupación humana de hace unos 2.600 años. Allí se registraron más de 40 estructuras vinculadas al Imperio inca, entre ellas una plataforma ceremonial conocida como ushnu, un hallazgo de enorme valor histórico y cultural.
Turismo con impacto controlado
Desde el Emetur destacaron que la participación del Conicet le da al sendero un respaldo clave para garantizar que el desarrollo turístico no ponga en riesgo un patrimonio que permaneció siglos oculto en la montaña. Actualmente, los equipos científicos continúan con los estudios y análisis necesarios para la evaluación de impacto ambiental, un paso fundamental antes de definir su futura apertura al público.
El Sendero de Gran Recorrido de los Andes no busca solo atraer visitantes, sino proponer una nueva forma de recorrer la Cordillera: donde el turismo, el conocimiento y la conservación convivan, y donde cada paso sea también un viaje por la historia profunda de la montaña mendocina.





