Conflicto en el río Futaleufú: motos de agua violaron la normativa ambiental y desataron un fuerte repudio social

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El uso de motos de agua en el río Futaleufú volvió a encender la alarma en la Patagonia chilena y expuso un conflicto de fondo entre el turismo de lujo irresponsable y la protección de los ecosistemas naturales. La incursión de embarcaciones motorizadas circulando a contracorriente provocó el rechazo inmediato de prestadores turísticos, vecinos, balseadores y kayakistas, ya que se trata de una actividad estrictamente prohibida en ese curso de agua.

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El hecho constituye una violación directa del Artículo 24° de la ordenanza municipal, una norma clave que protege los recursos hídricos de la comuna. Esta legislación establece una doble prohibición: impide el uso de motos acuáticas en lagos, lagunas y ríos de la jurisdicción y, de manera específica, prohíbe cualquier tipo de motor en los ríos Futaleufú y Espolón. El objetivo es claro: preservar la pureza de aguas reconocidas a nivel internacional y evitar la contaminación por hidrocarburos, ruido y alteraciones a la fauna, además de resguardar la práctica segura de deportes de remo.

La situación tomó aún mayor gravedad al conocerse que los turistas involucrados, de nacionalidad extranjera, habrían protagonizado previamente episodios de hostigamiento a colonias de pingüinos en el Islote Conejos de Chiloé, operando además bajo una empresa sin registros oficiales. Al incumplir la normativa, no solo vulneraron una regla ambiental, sino que pusieron en riesgo el principal motor económico de la región: el turismo sustentable.

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La respuesta de las autoridades fue contundente. Se aplicaron multas ejemplares y se avanzó con la cancelación de visas, dejando un mensaje claro sobre la tolerancia cero frente a actividades ilegales en áreas naturales protegidas. El alcalde de la comuna, Fernando Grandón, fue categórico: “El río Futaleufú es nuestra principal fuente de desarrollo, y cuidarlo es cuidar nuestro futuro”.

La empresa vinculada al episodio promocionaba sus servicios bajo el lema “conquistando la Patagonia”, ofreciendo recorridos en motos de agua por entornos naturales y reservas, sin contemplar —o ignorando deliberadamente— el impacto ambiental de estas prácticas. Tras el escándalo, la firma eliminó de sus redes sociales toda mención a su paso por Chile.

El caso reavivó el debate sobre los límites del turismo de alto impacto y reforzó una premisa cada vez más compartida en la región: la Patagonia no se conquista, se respeta.

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