De la Ruta 40 a las Salinas Grandes: los caminos más espectaculares del país

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Viajar por la Argentina es, muchas veces, convertir el camino en destino. A lo largo y ancho del país, las rutas nacionales y provinciales atraviesan montañas, desiertos, viñedos, selvas y lagos, regalando postales únicas que enamoran a quienes se animan a recorrerlas. Son trayectos donde cada kilómetro suma paisajes, historia y una identidad marcada por la diversidad natural.

Entre todas, la Ruta Nacional 40 se impone como un verdadero ícono. Con más de 5.000 kilómetros, recorre el país de sur a norte, desde Cabo Vírgenes en Santa Cruz hasta La Quiaca en Jujuy. A lo largo de su traza cruza la Patagonia, la Cordillera de los Andes y los Valles Calchaquíes, uniendo climas, culturas y escenarios extremos. Parques nacionales, lagos, pueblos históricos y paisajes imponentes convierten a esta ruta en una de las más soñadas por los amantes de los viajes largos y la aventura.

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En el norte argentino, la Ruta Nacional 68 conecta Salta con Cafayate y atraviesa algunos de los paisajes más impactantes del país. La Quebrada de las Conchas es su gran protagonista, con formaciones naturales que parecen esculpidas a mano, como la Garganta del Diablo, el Anfiteatro, los Castillos o el Obelisco. Es un recorrido ideal para combinar naturaleza, paradas en bodegas y pueblos pintorescos, en medio de cerros multicolores y contrastes geográficos que sorprenden a cada paso.

En Córdoba, el Camino de las Altas Cumbres ofrece una experiencia distinta: ver la provincia desde lo más alto. Esta ruta une el Valle de Punilla con Traslasierra, atravesando la Pampa de Achala, con quebradas profundas, ríos y vistas panorámicas que convierten el viaje en un espectáculo constante. Es una obra de ingeniería que invita a detenerse, respirar aire puro y disfrutar de uno de los recorridos más bellos del centro del país, especialmente en primavera y verano.

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Más al norte, en Jujuy, la Ruta Provincial 52 conduce a uno de los paisajes más impactantes de la Argentina: las Salinas Grandes. El camino asciende por la Cuesta de Lipán, con curvas pronunciadas y vistas abiertas, hasta llegar a un inmenso desierto blanco ubicado a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar. Totalmente asfaltada y en excelente estado, conecta Purmamarca con el Paso de Jama, alcanzando alturas que superan los 4.000 metros, en una experiencia visual inolvidable.

Recorrer estas rutas es mucho más que trasladarse de un punto a otro: es descubrir la esencia del país, su geografía diversa y su riqueza cultural. Cada trayecto deja postales imborrables y confirma que, en la Argentina, el viaje empieza mucho antes de llegar al destino.

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