Decir esta palabra en Brasil podría llevarte preso durante tus vacaciones: qué debes saber para no meterte en problemas

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Redactora
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Lo que para muchos argentinos puede sonar como una expresión cotidiana o incluso una broma, en Brasil puede convertirse en un delito penal. El país tiene una de las legislaciones antirracistas más estrictas de la región y no hace distinciones entre intención, tono o contexto cuando se trata de expresiones discriminatorias.

El tema volvió a quedar en el centro de la escena tras el caso de una abogada argentina detenida en Río de Janeiro, acusada de racismo luego de un incidente a la salida de un boliche. Las cámaras de seguridad registraron el momento y el personal del lugar realizó la denuncia por el uso de una expresión considerada ofensiva. Como consecuencia, la mujer sufrió la retención de su pasaporte, la colocación de una tobillera electrónica y la prohibición de salir del país mientras avanza la causa judicial.

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La palabra en cuestión es “macaco”, que en portugués significa “mono”. En Brasil, este término tiene una carga histórica y racial extremadamente ofensiva, por lo que su uso dirigido a una persona es considerado un insulto racista grave. No importa si se dice enojado, en chiste o sin intención: decirlo puede derivar en una causa penal.

El racismo y la discriminación racial están tipificados como delitos a través de una ley específica que sanciona conductas motivadas por prejuicio de raza o color. Las penas de prisión van de 1 a 5 años, dependiendo de la gravedad del hecho, e incluyen desde insultos verbales hasta humillaciones públicas o incitación al odio. Además, la Constitución brasileña define el racismo como un delito inafianzable e imprescriptible, equiparándolo a crímenes de extrema gravedad.

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Este marco legal riguroso no es casual. Brasil arrastra una profunda historia de esclavitud y desigualdad racial, y sus leyes buscan reparar ese daño estructural y garantizar la igualdad. Por eso, las autoridades aplican estas normas con tolerancia cero, incluso cuando los involucrados son turistas extranjeros.

Para quienes viajan al país, el mensaje es claro: no hay margen para bromas ni expresiones ambiguas. Un comentario fuera de lugar puede arruinar unas vacaciones y convertirse en un problema judicial serio. Respetar las normas locales no es solo una cuestión legal, sino también una forma básica de convivencia.

Antes de hablar, vale la pena pensar dos veces. En Brasil, una sola palabra puede cambiarlo todo.

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