Un sorprendente hallazgo paleontológico en el sur de Francia dejó al descubierto cientos de huevos de dinosaurio que permanecieron enterrados durante más de 70 millones de años. El descubrimiento se realizó en un yacimiento cercano a la localidad de Mèze, donde los científicos creen que podría haber miles de ejemplares aún ocultos bajo tierra.
El hallazgo fue confirmado por Alain Cabot, director del Musée-Parc des Dinosaures de Mèze, quien explicó que el equipo de investigación logró identificar más de un centenar de huevos visibles durante la última campaña de excavación. Sin embargo, los expertos estiman que el yacimiento podría contener varios miles, lo que lo convertiría en uno de los descubrimientos más importantes de la región.

La excavación comenzó en octubre y se vio dificultada durante meses por las intensas lluvias y el terreno arcilloso, que obligaban a detener los trabajos cada vez que el suelo se volvía demasiado blando. Solo cuando la superficie logró endurecerse, los investigadores pudieron exponer una extensa capa de roca repleta de nidos fosilizados.
Los primeros análisis indican que los huevos datan del final del período Cretácico, poco antes de la extinción de los dinosaurios. La mayoría de ellos habría pertenecido a Titanosaurio, enormes dinosaurios herbívoros de cuello largo que dominaron gran parte del planeta durante millones de años.
Pero no fueron los únicos habitantes del lugar. Los científicos también identificaron huevos asociados a Rhabdodon priscus, un dinosaurio herbívoro más pequeño, y a una nueva especie denominada Prismatoolithus caboti, lo que indica que varias especies diferentes utilizaban el mismo sitio para anidar.
Según explican los paleontólogos, las hembras cavaban pequeños hoyos en el suelo, donde depositaban los huevos en racimos antes de cubrirlos con vegetación, barro o sedimentos. En este caso, una serie de inundaciones periódicas habría enterrado rápidamente los nidos, sellándolos bajo capas de arcilla que permitieron que las cáscaras se conservaran durante millones de años.
Paradójicamente, esa misma arcilla que hoy complica las excavaciones fue la que protegió los huevos del paso del tiempo.
La zona donde se produjo el hallazgo era antiguamente una llanura fluvial, con suelos húmedos y abundante vegetación, un ambiente ideal para que distintas especies regresaran una y otra vez a depositar sus huevos. La presencia de diferentes tamaños y formas confirma que el lugar funcionó como una especie de gran área de nidificación prehistórica.
El sitio de Mèze no es nuevo para la ciencia. Durante más de 30 años, los investigadores han encontrado allí fósiles de gran valor, incluidos huesos de dinosaurios, tortugas, cocodrilos y peces, lo que permite reconstruir cómo era el ecosistema de la región durante el Cretácico.

“Es colosal, nunca había visto algo así”, afirmó Cabot al referirse al tamaño del yacimiento.
El lugar también ha sido protegido para evitar saqueos, ya que tras el descubrimiento original en 1996, varios coleccionistas privados intentaron obtener piezas del sitio. Por eso se construyó el museo que hoy custodia el área y garantiza que los fósiles permanezcan accesibles para la investigación científica.
Aun así, lo más impresionante es que la excavación recién comienza. Los expertos calculan que podrían necesitar varios años de trabajo para liberar todos los nidos y estudiar cada uno de los huevos.
Los ejemplares mejor conservados permitirán analizar la microestructura de las cáscaras, entender cómo anidaban distintas especies de dinosaurios y reconstruir con mayor precisión la vida en la Tierra hace 70 millones de años.









