La isla Gorgona, uno de los enclaves naturales más estudiados del Pacífico colombiano, volvió a sorprender a la ciencia. Durante una expedición reciente, un equipo de investigadores del Eje Cafetero, con participación de la Universidad del Quindío, logró registrar dos especies de serpientes que nunca antes habían sido reportadas en este territorio insular.
Se trata de Imantodes inornatus y Urotheca dumerilii, hallazgos que elevan a 20 el número total de especies de serpientes documentadas en Gorgona y refuerzan el valor de la isla como refugio clave de biodiversidad.

El descubrimiento se produjo de manera inesperada. Según explicó el biólogo Cristian González Acosta, integrante del equipo, los registros ocurrieron mientras se realizaban estudios sobre poblaciones de anfibios. La Imantodes inornatus fue hallada durante un recorrido nocturno en la antigua cárcel de la isla, hoy cubierta por la vegetación, mientras que Urotheca dumerilii apareció durante una exploración diurna en zonas más alejadas del casco urbano.
La Imantodes inornatus, conocida como “culebra de cabeza chata” o “serpiente bejuco”, es una especie arbórea y nocturna. El ejemplar encontrado, un macho adulto, presentaba una llamativa coloración amarilla y naranja con pequeñas manchas negras. Su presencia en Gorgona resulta especialmente relevante, ya que convierte a la isla en la única localidad insular conocida para esta especie y ayuda a cerrar vacíos sobre su distribución en el Pacífico colombiano.
Por su parte, Urotheca dumerilii es una serpiente endémica de Colombia, de hábitos diurnos y terrestres, extremadamente difícil de observar. Hasta ahora solo existían seis registros confiables en el país. El ejemplar hallado en Gorgona constituye el primer registro para la isla y el segundo dentro de un área natural protegida, lo que refuerza su importancia desde el punto de vista de la conservación.

Los científicos señalan que ambas especies pudieron pasar desapercibidas durante décadas debido a sus hábitos discretos y al uso muy específico del hábitat, incluso en un lugar tan estudiado como Gorgona. El hallazgo demuestra que, pese a los numerosos inventarios realizados, aún queda mucho por conocer sobre la fauna de la isla.
Además del aporte científico, el descubrimiento vuelve a poner el foco en la necesidad de fortalecer la investigación y la cooperación entre instituciones, especialmente en un contexto de creciente actividad turística. “Este trabajo es un ladrillo más en la construcción del conocimiento sobre nuestra biodiversidad”, concluyó González Acosta, destacando que Gorgona sigue siendo un laboratorio natural con secretos por revelar.







