Un potente sistema de baja presión, identificado como ciclón Harry, cruzó el mar Mediterráneo y golpeó con fuerza el sur de Italia, provocando olas gigantes, inundaciones y evacuaciones en múltiples localidades costeras. La isla de Sicilia fue la zona más afectada, con severos daños en áreas urbanas, puertos e infraestructuras, en un episodio que volvió a poner en evidencia la fragilidad de los entornos costeros frente a fenómenos extremos cada vez más intensos.
Ante el avance del ciclón, las autoridades italianas activaron alertas rojas, ordenaron evacuaciones preventivas y suspendieron actividades públicas para reducir riesgos. El fuerte oleaje y las lluvias persistentes generaron un escenario crítico en comunidades ribereñas, mientras los servicios de emergencia se desplegaban contrarreloj para asistir a la población.

El paso del ciclón estuvo marcado por marejadas de enorme energía. En distintos puntos del litoral siciliano se registraron olas de más de nueve metros, capaces de superar defensas costeras. En Lipari, una isla turística frente a la costa, el mar desbordó las barreras portuarias y el agua ingresó a las calles, dañando embarcaciones, comercios e infraestructura urbana. En la costa oriental de Catania, el avance repentino del agua inundó barrios enteros y arrastró vehículos, generando escenas de alto impacto.
A estas condiciones se sumaron ráfagas de viento de entre 120 y 150 kilómetros por hora, que intensificaron la erosión costera y dificultaron las tareas de respuesta. La combinación de viento, lluvia y oleaje extremo convirtió al temporal en uno de los más severos de la temporada invernal en la región.
Frente a la persistencia del fenómeno, la Protección Civil italiana activó un amplio operativo concentrado principalmente en Sicilia. Casi 190 personas fueron evacuadas de zonas consideradas de alto riesgo, incluyendo residentes de Giampilieri Marina y sectores costeros de Acireale. Otras localidades como Pachino, Marzamemi y Granelli adoptaron medidas similares, mientras que se suspendieron las clases en más de 150 municipios sicilianos. En total, más de 6.000 agentes y voluntarios fueron desplegados para asistir a los afectados, y se registraron interrupciones en aeropuertos y conexiones marítimas.
Aunque Sicilia concentró los mayores daños, el impacto del ciclón fue regional. Cerdeña y Calabria permanecieron bajo alerta por lluvias intensas y marejadas, con restricciones a la movilidad en zonas costeras para minimizar riesgos. Incluso Malta reportó tormentas fuertes y episodios de granizo, aunque con consecuencias menores en comparación con Italia.

Especialistas explican que estos ciclones se forman por la combinación de aguas relativamente cálidas, una baja presión bien definida, atmósfera inestable y altos niveles de humedad. El contraste térmico entre masas de aire es clave, y en el Mediterráneo estos procesos pueden intensificarse durante otoño e invierno. En este contexto, el cambio climático aparece como un factor que amplifica estos fenómenos: el aumento de la temperatura del mar y del nivel del mar incrementa de forma directa los impactos en las zonas costeras.
El ciclón Harry dejó una señal clara en el sur de Italia. Los expertos advierten que la adaptación, la planificación urbana y la protección de los ecosistemas costeros son cada vez más urgentes frente a eventos extremos que ya no son excepcionales, sino parte de una nueva normalidad climática.






