Viajar con mascotas suele ser una de las partes más complicadas a la hora de mudarse o planear una travesía larga. Entre restricciones aéreas, cupos limitados y el estrés de que perros o gatos deban viajar separados de sus dueños, muchas familias terminan descartando opciones. Sin embargo, existe una alternativa tan exclusiva como sorprendente: un crucero transatlántico que permite cruzar el océano junto a perros y gatos.
Se trata del Queen Mary 2, el emblemático barco de la compañía Cunard, considerado uno de los pocos —y para muchos, el único de pasajeros— que permite viajar con mascotas a bordo en travesías regulares entre Nueva York y Southampton, en el Reino Unido. En algunos itinerarios también conecta con Hamburgo, convirtiéndose en una opción ideal para quienes necesitan trasladarse entre Estados Unidos y Europa sin recurrir al avión.
A diferencia de la mayoría de los cruceros, donde solo se admiten perros de asistencia, este barco mantiene una tradición histórica heredada de los antiguos viajes oceánicos, cuando muchas personas cruzaban continentes acompañadas por sus animales. Hoy, esa experiencia se transformó en un servicio premium especialmente pensado para que perros y gatos puedan viajar con comodidad y seguridad durante toda la travesía.

Eso sí: las mascotas no se alojan dentro de las cabinas junto a los pasajeros. En cambio, el Queen Mary 2 cuenta con una zona exclusiva de perreras y espacios especiales dentro del barco, diseñada para albergar a los animales durante los aproximadamente siete días que dura el cruce del Atlántico.
El servicio dispone de 24 plazas limitadas para mascotas, por lo que conseguir un lugar no es nada sencillo. Cada travesía admite un número muy reducido de animales y, según advierten desde la compañía, las reservas suelen agotarse con mucha anticipación.
Dentro de ese espacio, los perros y gatos cuentan con áreas de descanso, sectores de juego, una zona exterior para paseos y personal capacitado que se encarga de su cuidado. Incluso, el barco suma detalles curiosos y pensados especialmente para ellos, como un hidrante estilo Nueva York y un poste británico, una especie de guiño simpático para que los perros de ambos lados del Atlántico se sientan “como en casa”.
Además, los dueños pueden visitar a sus mascotas en horarios determinados para compartir tiempo con ellas durante el viaje, lo que convierte la experiencia en una opción mucho menos estresante que el traslado en bodega de un avión.
Desde la compañía aseguran que el bienestar animal es una prioridad y que cada mascota recibe incluso su propio chaleco salvavidas al momento de embarcar. En caso de emergencia, los pasajeros pueden retirar a sus animales de las perreras y llevarlos al punto de reunión asignado, siguiendo el protocolo de seguridad establecido a bordo.
Otro de los puntos destacados es la alimentación personalizada. Antes de zarpar, Cunard se contacta con cada pasajero que viaja con mascota para conocer sus necesidades dietéticas y ofrecer distintas marcas de alimento disponibles en el barco. Si ninguna se adapta a las preferencias del animal, el dueño puede llevar su propia comida. Incluso, a bordo también pueden preparar opciones como pollo fresco, verduras y caldo, siempre bajo pedido.

Sin embargo, no todos los perros pueden viajar. Debido al tamaño de las instalaciones, existen restricciones por medidas y algunas razas grandes quedan excluidas del servicio. Si una mascota supera determinadas dimensiones, debe reservar más de un espacio, y aun así hay casos en los que no puede ser aceptada. También están prohibidas las razas restringidas por la normativa británica para el ingreso de animales, así como ciertos cruces.
A eso se suma otro requisito clave: la documentación. Tanto perros como gatos deben contar con la habilitación sanitaria correspondiente para ingresar al país de destino. En muchos casos, eso implica tener un pasaporte para mascotas o un certificado de salud específico, además de cumplir con vacunas, controles veterinarios y exigencias migratorias. La empresa informa estos requisitos con varios meses de anticipación para que los viajeros puedan organizar todo a tiempo.
Para muchas personas que se mudan de país o buscan una forma menos traumática de viajar con sus animales, este crucero se convirtió en una solución tan inusual como valiosa. Y aunque el acceso es limitado, el Queen Mary 2 sigue siendo una rareza en la industria: una experiencia única que permite cruzar el Atlántico con perros y gatos sin separarse de ellos durante el viaje.
En un contexto donde la mayoría de las compañías todavía imponen fuertes restricciones para las mascotas, esta travesía demuestra que existe otra manera de viajar: una en la que toda la familia, incluidas las mascotas, puede llegar junta al otro lado del océano.









