Fuego en la Patagonia: por qué el riesgo es extremo y qué anticipan los expertos para los próximos meses

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La Patagonia argentina atraviesa una de las temporadas de incendios más críticas de los últimos años. El avance del fuego ya obligó a evacuar localidades enteras, arrasó miles de hectáreas y puso en jaque la capacidad de respuesta en varias provincias del sur del país. Especialistas advierten que el escenario actual no es excepcional, sino parte de una “nueva normalidad” marcada por la sequía prolongada, el calor extremo y una alta incidencia de focos de origen humano.

Las provincias más afectadas hasta el momento son Chubut, Río Negro y La Pampa, donde los incendios avanzan con una velocidad inusual y un comportamiento cada vez más agresivo. Según datos oficiales, el riesgo de incendios es extremo en 16 provincias argentinas, lo que llevó a implementar restricciones totales para el uso del fuego en espacios públicos, privados y campings, además de reforzar los llamados a la prevención y la denuncia temprana.

En Chubut, la situación es especialmente delicada. Localidades como Puerto Patriada y Epuyén debieron evacuar a más de 3.000 personas, mientras brigadistas y bomberos voluntarios trabajan sin descanso para frenar el avance de las llamas. El gobernador Ignacio Torres confirmó que uno de los principales focos fue intencional, con hallazgos de acelerantes, amenazas previas y una investigación judicial en curso. Las autoridades remarcan que el 95% de los incendios en la región tiene origen humano, un dato que agrava la preocupación en un contexto climático adverso.

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La Pampa tampoco escapa a la emergencia: desde noviembre, el fuego ya consumió más de 100.000 hectáreas rurales, lo que obligó a desplegar a decenas de asociaciones de bomberos voluntarios y a mantener guardias permanentes ante posibles reactivaciones. En Bariloche, un nuevo incendio en la zona de la barda del Ñireco avanzó sobre áreas pobladas, reforzando la alerta por riesgo “muy alto” y la necesidad de respetar las prohibiciones vigentes.

Los expertos coinciden en que el contexto climático es determinante. El investigador del CONICET Thomas Kitzberger explicó que la temporada 2025-2026 comenzó antes de lo habitual, con incendios de gran magnitud desde sus primeras semanas. Algunos focos, como los del valle del Río Turbio y Lago Menéndez, ya superaron las 3.000 y 9.000 hectáreas quemadas, respectivamente. “Con la temporada recién iniciada, ya estamos cerca de la mitad del área total incendiada el año pasado”, advirtió.

Este fenómeno responde a una combinación de factores: sequía extrema, temperaturas elevadas, tormentas eléctricas frecuentes y una gran disponibilidad de material combustible. Kitzberger resume el escenario con la regla “30/30/30”: temperaturas superiores a 30 °C, humedad relativa por debajo del 30% y vientos de más de 30 km/h, condiciones ideales para que el fuego se propague con rapidez e intensidad.

Desde el punto de vista ambiental, el impacto es profundo y duradero. Los incendios afectan gravemente la biodiversidad, degradan los suelos y comprometen la supervivencia de especies emblemáticas como la lenga, el ciprés y el coihue. Tras el paso del fuego, los suelos pueden permanecer calientes durante semanas, dificultando la regeneración natural de la vegetación. La fauna, en tanto, enfrenta desplazamientos forzados, pérdida de hábitat y falta de alimento, lo que pone en riesgo a numerosas especies.

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De cara a los próximos meses, las proyecciones no son alentadoras. El Servicio Meteorológico Nacional anticipa que enero y febrero continuarán con temperaturas por encima del promedio y escasas precipitaciones, lo que podría extender la temporada de incendios hasta bien entrado marzo. Si las lluvias otoñales no llegan a tiempo, los especialistas advierten que el riesgo podría mantenerse o incluso agravarse.

Frente a este panorama, autoridades y expertos coinciden en la urgencia de fortalecer la prevención, ampliar la cantidad de brigadistas, mejorar la infraestructura para el combate temprano del fuego y avanzar en sanciones ejemplares contra los responsables de incendios intencionales. Mientras tanto, la Patagonia sigue en alerta, enfrentando una emergencia que ya no es excepcional, sino parte de un nuevo escenario climático y ambiental que llegó para quedarse.

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