Después de siglos de búsqueda, arqueólogos italianos confirmaron uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la arquitectura: los restos hallados en la ciudad de Fano, en la región de Las Marcas, pertenecen a la legendaria basílica diseñada por Marco Vitruvio Polión, el arquitecto romano cuyas ideas influenciaron de forma decisiva a Leonardo da Vinci.
La estructura, mencionada por el propio Vitruvio en su tratado De Architectura, había sido durante más de 500 años una obra casi mítica, conocida solo por descripciones escritas. Sin embargo, excavaciones realizadas bajo una plaza céntrica de Fano permitieron identificar cimientos, columnas monumentales y proporciones exactas que coinciden con los detalles técnicos que el arquitecto romano dejó plasmados en su obra.

Uno de los datos más contundentes es el tamaño de las columnas descubiertas, cuyas dimensiones se ajustan con precisión a las medidas romanas descritas por Vitruvio, algo que para los especialistas constituye una prueba clave. Este hallazgo no solo confirma la existencia física de la basílica, sino que además aporta información inédita sobre el urbanismo, la ingeniería y la vida pública en la Roma del siglo I antes de Cristo.
La figura de Vitruvio es central en la historia cultural de Occidente. Su tratado fue estudiado durante siglos y se convirtió en una referencia fundamental del Renacimiento. De allí surge la conexión directa con Leonardo da Vinci, quien se basó en sus principios para crear el célebre Hombre de Vitruvio, uno de los dibujos más icónicos de la historia del arte, donde se representan las proporciones ideales del cuerpo humano.

Autoridades locales y especialistas calificaron el descubrimiento como un hito arqueológico sin precedentes, no solo por confirmar un texto clásico, sino por permitir, por primera vez, estudiar una obra atribuida directamente al considerado padre de la arquitectura. El sitio será preservado y continuará siendo investigado, con la expectativa de revelar nuevos detalles sobre una construcción que marcó el pensamiento arquitectónico durante más de dos mil años.
Este hallazgo conecta de manera directa la Antigüedad clásica con el Renacimiento, y demuestra que algunas de las ideas que dieron forma al arte y la ciencia modernos siguen emergiendo, literalmente, desde el subsuelo de la historia.






