La isla europea a media hora de Italia donde hay más conejos que personas

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En Croacia, frente a la península de Istria, existe una pequeña isla que parece salida de un cuento: Ceja, un rincón casi deshabitado donde la naturaleza manda y los protagonistas no son los turistas, sino los conejos. Con apenas 600 metros de largo y 430 de ancho, este islote se convirtió en un destino cada vez más buscado por quienes quieren escapar del ruido y disfrutar del mar en absoluta calma.

Lo que hace única a Ceja es un dato tan curioso como llamativo: hay más conejos que personas. De hecho, no hay población humana permanente en la isla, lo que explica la tranquilidad del lugar y el comportamiento inusual de sus animales. La ausencia de depredadores y la abundancia de alimentos generaron un entorno ideal para que los conejos se reproduzcan y vivan sin amenazas.

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Esta vida sin peligros hizo que los animales desarrollaran una actitud poco habitual en su especie. Lejos de huir, los conejos de Ceja confían en los humanos, se dejan ver de cerca y hasta interactúan con los visitantes. En redes sociales circulan videos que muestran a los animales moviéndose entre turistas con total naturalidad, una escena que sorprende por completo a quienes conocen el carácter desconfiado que suelen tener.

Gracias a esta particularidad, Ceja comenzó a ganar fama como un destino diferente. Hoy se organizan excursiones en barco para llegar a la isla, pasar el día en la playa y observar de cerca este comportamiento tan poco común. La combinación de mar, arena, silencio y fauna amigable convirtió al lugar en una experiencia casi terapéutica.

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Sin embargo, no todas las islas croatas vivieron una historia similar con los conejos. En Lokrum, frente a Dubrovnik, la introducción ilegal de conejos salvajes en 2014 terminó provocando un desequilibrio ambiental, afectando a especies raras y convirtiendo a los animales en una plaga que hoy se intenta erradicar.

En Ceja, en cambio, el origen de los conejos sigue siendo un misterio. Lo cierto es que, lejos de ser un problema, se transformaron en el principal atractivo turístico de la isla. Su presencia, su mansedumbre y la calma que transmiten hacen de este pequeño punto del Adriático un destino tan extraño como encantador, donde la naturaleza y la paz van de la mano.

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