Las 3 joyas de la Patagonia que valen la pena conocer en 2026

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La Patagonia argentina es sinónimo de paisajes imponentes, aire puro y experiencias que se viven a otro ritmo. Más allá de los destinos clásicos, existen lugares que combinan naturaleza, historia y costumbres locales que los vuelven verdaderas joyas para descubrir en 2026. Trevelin, Manzano Amargo y El Chaltén no solo destacan por sus paisajes, sino también por las curiosidades que los rodean y que los convierten en paradas obligatorias para el turismo.

Trevelin, en el noroeste de Chubut, es uno de los pueblos más singulares de la Patagonia. Su nombre proviene del galés y significa “pueblo del molino”, en referencia al Molino Harinero Nant Fach, uno de los símbolos de la colonización galesa en la región. Una de las grandes curiosidades del lugar es que conserva con fuerza sus tradiciones galesas, visibles en la arquitectura, los rituales del té y las celebraciones comunitarias. Cada primavera, el Campo de Tulipanes atrae visitantes de todo el país con un fenómeno poco común en la Patagonia: miles de flores de colores intensos que transforman el valle en un paisaje casi europeo. Además, Trevelin es uno de los pocos puntos desde donde se accede al Parque Nacional Los Alerces sin pasar por zonas urbanas masivas, lo que permite una experiencia más tranquila y cercana a la naturaleza. El río Percy, que atraviesa el pueblo, es conocido por sus aguas cristalinas y por ser uno de los favoritos para la pesca con mosca.

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En el norte neuquino, Manzano Amargo se presenta como un destino todavía poco explorado, ideal para quienes buscan silencio y contacto directo con la cordillera. Una de sus principales curiosidades son las vertientes termales naturales que brotan en plena montaña y a las que se puede acceder sin complejos turísticos ni infraestructuras invasivas. El nombre del pueblo tiene origen en antiguos manzanos silvestres que crecían en la zona y cuyos frutos, poco dulces, sorprendían a los primeros pobladores.

Manzano Amargo también es considerado una de las puertas de acceso al volcán Domuyo, el más alto de la Patagonia, conocido como el “techo neuquino”. En días despejados, el paisaje ofrece vistas de fumarolas, ríos de deshielo y formaciones geológicas que delatan la intensa actividad volcánica subterránea. La vida cotidiana del pueblo conserva un ritmo rural auténtico, donde la crianza de chivos y las recetas tradicionales forman parte central de la identidad local.

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Por su parte, El Chaltén, en Santa Cruz, es mucho más que la capital nacional del trekking. Una de sus curiosidades más llamativas es que es un pueblo relativamente joven: fue fundado en 1985, principalmente para afianzar la soberanía argentina en la zona fronteriza. Su nombre proviene del idioma tehuelche y significa “montaña humeante”, una referencia directa al cerro Fitz Roy, que suele estar cubierto de nubes. El Chaltén es uno de los pocos destinos del mundo donde los senderos parten directamente desde el casco urbano, sin necesidad de traslados en vehículo. Además, es un punto clave para montañistas de todo el planeta que intentan ascensos técnicos en el Fitz Roy y el Cerro Torre, considerados entre los más desafiantes del mundo. En los últimos años, el pueblo también se destacó por su fuerte cultura cervecera artesanal y por una gastronomía pensada para reponer energías tras largas caminatas.

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Trevelin, Manzano Amargo y El Chaltén representan tres formas distintas de vivir la Patagonia: la herencia cultural, el aislamiento natural y la aventura extrema. En 2026, estos destinos se consolidan como opciones ideales para quienes buscan algo más que paisajes, y quieren llevarse historias, curiosidades y experiencias difíciles de olvidar.

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