Lo que prometía ser una escapada inolvidable en el Caribe colombiano terminó convirtiéndose en una experiencia límite para una pareja de recién casados que jamás imaginó que su luna de miel iba a transformarse en una lucha desesperada por sobrevivir en mar abierto.
José Benítez y Kathia del Puerto, una pareja paraguaya que disfrutaba de sus primeros días como marido y mujer, vivieron momentos de terror cuando la lancha en la que viajaban rumbo a una excursión paradisíaca se partió en medio del trayecto y terminó hundiéndose en aguas del Caribe. El dramático episodio ocurrió durante un tour desde Cartagena hacia Isla Palma, en Colombia, y dejó a más de 40 personas flotando a la deriva durante cerca de tres horas, en medio de olas intensas, miedo extremo y una desesperación que parecía no tener final.

Según relataron, el paseo debía durar apenas unos 40 minutos, pero desde el inicio todo se sintió extraño. La embarcación ya había presentado inconvenientes mecánicos antes de salir y, aunque los pasajeros fueron informados de que el problema había sido resuelto, finalmente continuaron el recorrido en la misma lancha. Para la pareja, ese detalle fue clave: con el paso de las horas, comenzaron a sospechar que el bote ya no estaba en condiciones de navegar.
El viaje avanzaba entre golpes contra las olas y una sensación cada vez más inquietante. Kathia, que no sabe nadar, ya iba aterrada desde que partieron. Su esposo recordó que la marea estaba muy fuerte y que la lancha parecía avanzar con dificultad, como si cada ola la forzara al límite. Hasta que ocurrió lo impensado: en uno de esos impactos, la parte delantera de la embarcación se partió. En cuestión de minutos, lo que era una excursión turística se convirtió en un naufragio.
Con el bote destruido, cada persona intentó aferrarse a lo que pudiera para no hundirse. Chalecos salvavidas, restos de la embarcación y cualquier objeto flotante se volvieron la única esperanza en medio del agua. La escena fue caótica: turistas llorando, personas con calambres, otras vomitando por el oleaje, dos embarazadas atrapadas en medio de la desesperación y el temor constante de no ser vistos por nadie. La pareja recordó que, durante esas horas eternas, muchos comenzaron a rezar convencidos de que podían no salir con vida.
Uno de los momentos más angustiantes llegó cuando, después de largo rato en el agua, una embarcación pasó cerca pero no logró verlos. La sensación de abandono creció todavía más. Incluso, aunque uno de los turistas consiguió señal en su celular y pudo pedir ayuda, el ruido, el oleaje y la falta de ubicación precisa complicaron el rescate. A esa altura, el grupo ya estaba completamente agotado y luchaba no solo contra el mar, sino también contra el pánico.
Cuando todo parecía perdido, apareció un pescador que, según contaron, ni siquiera debía estar en esa zona. El hombre se habría desviado de su ruta por el mal clima y terminó encontrándose con la escena que podía haber acabado en tragedia. Aunque su lancha era demasiado pequeña para subir a todos, decidió quedarse cerca de los náufragos para evitar que el oleaje los dispersara y facilitar el operativo de rescate. Su intervención fue decisiva para que las autoridades pudieran ubicarlos a tiempo.
Finalmente, tras cerca de tres horas en mar abierto, la Armada colombiana llegó al lugar y logró rescatar a todos los pasajeros y tripulantes. A pesar del dramatismo del episodio, no hubo víctimas fatales, aunque varios resultaron con golpes, cortes y un fuerte shock emocional. Lo más insólito, según contaron los sobrevivientes, fue que luego del rescate la agencia todavía les ofreció continuar con la excursión, una propuesta que nadie estuvo dispuesto a aceptar.

Como si el horror no hubiera sido suficiente, la pareja también perdió pertenencias personales en el agua, entre ellas documentos y hasta el anillo de casado de José. Ya a salvo, y todavía intentando procesar lo vivido, él bromeó con una frase que resumió el absurdo de la experiencia: después de sobrevivir a semejante pesadilla, tal vez les tocará casarse de nuevo.
Lo que debía ser el inicio perfecto de una nueva vida juntos terminó siendo una de esas historias que parecen sacadas de una película. Pero esta vez fue real: un viaje soñado, una lancha que se partió en dos, tres horas flotando en el Caribe y una pareja que volvió con vida para contarlo.









