La turbulencia es uno de los fenómenos más temidos por quienes viajan en avión, aunque también es uno de los más habituales en la aviación comercial. En la mayoría de los casos se trata de episodios leves o moderados, pero existen trayectos donde las sacudidas se repiten con mayor frecuencia debido a una combinación muy específica de factores meteorológicos y geográficos. Un ranking internacional volvió a poner el foco en estas rutas y sorprendió al señalar, una vez más, a Sudamérica como protagonista.
Según un informe elaborado por la plataforma especializada Turbli, que analiza datos de vuelo junto con modelos atmosféricos, la ruta con mayor nivel promedio de turbulencia del mundo —por segundo año consecutivo— es el trayecto entre Mendoza (Argentina) y Santiago de Chile. Se trata de un vuelo corto, pero que atraviesa uno de los entornos más desafiantes desde el punto de vista aéreo: la Cordillera de los Andes.

El corredor que une el aeropuerto El Plumerillo, en Mendoza, con el Arturo Merino Benítez, en Santiago, cruza zonas de gran altitud donde es habitual la formación de las llamadas ondas de montaña. Este fenómeno se produce cuando los vientos intensos chocan contra una barrera orográfica, generando oscilaciones del aire en la zona de sotavento. El resultado puede sentirse dentro de la cabina como movimientos bruscos, especialmente en determinadas capas de la atmósfera y durante fases clave del vuelo como el ascenso, el crucero o el descenso.
Además, la turbulencia en esta región presenta una clara variación estacional. En los meses en los que los vientos en altura se intensifican, aumenta la probabilidad de experimentar episodios más notorios, algo que explica por qué esta ruta aparece de forma recurrente en los listados internacionales.
Para construir su clasificación anual, Turbli utiliza un indicador técnico conocido como EDR (Eddy Dissipation Rate), un parámetro empleado en la industria aeronáutica para estimar la intensidad de la turbulencia. Esta métrica permite comparar rutas de todo el mundo bajo un mismo criterio, ordenando los episodios desde leves hasta extremos a partir de promedios anuales que contemplan la variabilidad climática.
El ranking no se limita al vuelo Mendoza-Santiago. Otras rutas sudamericanas que repiten el mismo patrón incluyen Córdoba-Santiago, Santa Cruz-Santiago y un trayecto interno argentino como Mendoza-Salta, todos ellos influenciados por sistemas montañosos y corrientes de aire intensas. Fuera de la región, el informe también destaca rutas del interior de China, así como vuelos del suroeste de Estados Unidos, especialmente en el entorno de las Montañas Rocosas. Trayectos como Denver-Jackson Hole y ciudades como Denver o Salt Lake City aparecen asociadas con mayor frecuencia a vuelos con turbulencia.
Más allá del ranking, distintos estudios científicos advierten que la turbulencia en aire claro —la que ocurre sin nubes visibles— podría estar aumentando debido a cambios en los patrones de viento en altura. Si bien la relación directa con el calentamiento global aún se investiga, los expertos coinciden en que en ciertas regiones, especialmente en latitudes medias, algunos tipos de turbulencia son cada vez más frecuentes.

Aun así, los especialistas subrayan un punto clave: que una ruta tenga una media anual más alta de turbulencia no significa que cada vuelo vaya a ser problemático, ni mucho menos peligroso. En términos de seguridad aérea, estos trayectos siguen siendo totalmente confiables. Lo que sí puede ocurrir es una mayor probabilidad de momentos incómodos.
Por eso, la recomendación más importante para quienes sienten ansiedad al volar es simple y práctica: mantener siempre el cinturón de seguridad abrochado mientras se está sentado, incluso cuando la señal luminosa esté apagada. La mayoría de las lesiones asociadas a la turbulencia no se deben a fallas del avión, sino a pasajeros que no estaban sujetos al momento de una sacudida inesperada.






