La contaminación por plásticos ya no es solo una imagen de botellas flotando en el agua. Un nuevo estudio advierte que el problema más persistente no siempre se ve, no flota y no se puede retirar con redes. Es químico, microscópico y silencioso. Y el sol juega un papel clave.
Investigaciones recientes publicadas en la revista New Contaminants demostraron que la luz solar acelera la liberación de miles de compuestos químicos desde los microplásticos hacia ríos, lagos y océanos. No se trata únicamente de fragmentación física, sino de la formación de verdaderas “nubes químicas invisibles” que se disuelven en el agua y se dispersan mucho más allá de la partícula original.
Microplásticos: el problema que no se ve
Cuando un microplástico entra en contacto con el agua, comienza un proceso continuo. La radiación solar, especialmente la ultravioleta, rompe enlaces químicos en la superficie del polímero. El resultado no es una degradación abrupta, sino una liberación progresiva y constante de moléculas químicas que pasan al entorno acuático.
Estas sustancias no quedan localizadas: viajan, reaccionan y se integran en ciclos biológicos, afectando ecosistemas enteros. Con el tiempo, el agua que rodea a los microplásticos se convierte en una mezcla química compleja conocida como materia orgánica disuelta derivada de microplásticos (MPs DOM).
Qué tipos de plásticos fueron analizados
El estudio se centró en cuatro plásticos ampliamente presentes en el ambiente:
- Polietileno (PE)
- Polietilentereftalato (PET)
(plásticos de origen fósil, muy comunes en envases) - Ácido poliláctico (PLA)
- PBAT
(plásticos considerados biodegradables)
Todos liberaron carbono orgánico disuelto, pero no al mismo ritmo ni con la misma intensidad.
El sol, un acelerador silencioso
La diferencia clave apareció al comparar muestras expuestas a la luz con otras mantenidas en la oscuridad. Bajo radiación solar, la liberación química se disparó.
Paradójicamente, los plásticos biodegradables fueron los que liberaron más carbono disuelto. Sus cadenas poliméricas, diseñadas para romperse con mayor facilidad, resultan también más vulnerables a la energía solar. Una contradicción inquietante: lo que se presenta como “más verde” puede generar una contaminación química más activa.
Una contaminación que no se detiene
Uno de los hallazgos más preocupantes del estudio es que la liberación química no disminuye con el tiempo. El proceso sigue una cinética de orden cero: el “goteo” de sustancias se mantiene constante, incluso cuando el agua ya está cargada de compuestos.
La velocidad no depende de cuán contaminado esté el entorno, sino de la superficie del propio plástico. Bajo radiación UV se forma una delgada película de agua alrededor del microplástico que ralentiza la difusión, pero no la frena.
Qué sustancias se liberan
El análisis químico reveló una mezcla extremadamente compleja:
- Fragmentos de polímeros
- Aditivos industriales
- Productos de reacciones fotoquímicas
Aparecieron con claridad compuestos como los ftalatos, conocidos por sus efectos nocivos y porque no están firmemente unidos al plástico, lo que facilita su liberación.

Con la exposición solar, las superficies plásticas se oxidan y generan más grupos químicos ricos en oxígeno: alcoholes, ácidos, éteres y compuestos carbonílicos. Esto aumenta su reactividad y su capacidad de absorber luz, creando un círculo de degradación que se retroalimenta.
No es igual a la materia orgánica natural
El estudio también comparó estas sustancias con la materia orgánica natural presente en ríos y lagos. El resultado fue claro: la química derivada de los microplásticos es distinta e inestable.
Mientras la materia orgánica natural tiende a mantenerse relativamente constante, la de origen plástico:
- Cambia rápidamente
- Reacciona con facilidad
- Muta con la luz
Con el tiempo, disminuyen los compuestos similares a proteínas y aumentan sustancias de tipo húmico y tánico, dependiendo del polímero.
Impacto en ecosistemas y cadenas tróficas
Las moléculas pequeñas y disueltas ingresan fácilmente en las redes microbianas. Algunas estimulan la actividad biológica; otras la inhiben. El equilibrio de los microorganismos se altera, afectando los ciclos de carbono y oxígeno en el agua.
Además, estas sustancias pueden unirse a metales pesados como cobre, cadmio o plomo, modificando su movilidad y toxicidad. Elementos que antes estaban inmovilizados pueden empezar a circular por el ecosistema.
Un desafío para el agua potable
Esta química invisible también plantea riesgos para los sistemas de tratamiento de agua. Bajo la luz solar se generan especies reactivas de oxígeno que pueden producir subproductos no deseados, complicando procesos diseñados para otro tipo de contaminantes.
El futuro de una contaminación invisible

Los microplásticos siguen ingresando a los ecosistemas acuáticos con regulaciones limitadas. Una vez allí, el sol garantiza una liberación química constante que no se detiene.
Los científicos ya exploran herramientas de aprendizaje automático para predecir cómo evolucionan estas sustancias y evaluar mejor sus riesgos. Pero el mensaje es claro:
entender esta contaminación invisible ya no es opcional.
La producción global de plástico sigue creciendo.
La exposición solar, también.
Y las nubes químicas, aunque no se vean, ya están ahí.



