Por qué disfruto la comida de avión incluso si es mala

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La sorprendente ciencia detrás del gusto en el aire

Viajar en avión suele despertar opiniones encontradas sobre las comidas servidas a bordo. Mientras algunos pasajeros las critican por su sabor y presentación, otros como yo –y quizás tú también– encuentran cierto placer en cada bandeja que llega a nuestro asiento. Pero, ¿qué hay detrás de esta curiosa preferencia? ✈️🍱

Resulta que existe toda una ciencia que explica por qué disfrutamos, o al menos toleramos, la comida de avión. Desde cambios fisiológicos hasta factores emocionales, comer en las alturas es una experiencia multisensorial que va mucho más allá del menú.

Los cambios en nuestro cuerpo cuando volamos

¿Por qué los alimentos saben diferente en el aire?

Mientras volamos, nuestro cuerpo atraviesa por una serie de transformaciones debido a las condiciones únicas de una cabina presurizada. Esto tiene un efecto directo en cómo percibimos el sabor.

  • Humedad reducida: El aire dentro de la cabina tiene niveles de humedad extremadamente bajos (alrededor del 12%), comparables a los del desierto del Sáhara. Esta sequedad afecta nuestras vías nasales y, por ende, nuestra capacidad olfativa, responsable de gran parte del sentido del gusto.
  • Cambio en la presión atmosférica: La cabina está presurizada como si estuviéramos a unos 2.400 metros sobre el nivel del mar. Esta altitud tiene un impacto negativo en nuestra percepción de sabores, especialmente el dulce y el salado.

De hecho, un estudio realizado por Lufthansa en colaboración con el instituto Fraunhofer [confirmó](https://www.dw.com/en/taste-at-altitude-why-airplane-food-doesnt-measure-up/a-19040232) que nuestra capacidad para detectar sabores se reduce hasta un 30% en vuelo 🔬.

¿Y el umami?

Aunque los sabores dulces y salados se ven afectados, el umami —ese sabor sabroso presente en ingredientes como los tomates, el queso parmesano o la salsa de soya— parece resistir los embates de volar. Por eso muchos platos de avión están cargados de ingredientes ricos en umami para compensar la falta de percepción de otros sabores.

Comer en el cielo: una experiencia emocional

Nostalgia y ritual: el poder del contexto

Más allá del sabor, hay una componente emocional que nos hace disfrutar (o al menos tolerar) la comida servida a bordo. Para muchos, volar es sinónimo de vacaciones, aventura o, incluso, regresar a casa 🏡. En este contexto, el simple acto de recibir una bandeja con comida desencadena recuerdos positivos y una sensación de recompensa.

La psicóloga alimentaria Rachel Herz, autora de “Why You Eat What You Eat”, explica que los sabores están íntimamente ligados a nuestras emociones y memorias. Por lo tanto, si alguna vez disfrutaste una comida en el cielo rumbo a unas vacaciones inolvidables, es probable que asocies esa experiencia con placer, incluso si el plato en sí no fue de calidad gourmet.

Tiempo, distracción y expectativa

En medio de un vuelo de varias horas, recibir comida también actúa como una grata interrupción. Marca el paso del tiempo y da estructura a una experiencia que, de lo contrario, puede resultar monótona. Así, aunque el plato no sea excelente, le damos valor solo por el hecho de ser una novedad entre nubes ☁️.

Además, está el llamado «efecto expectativa». Sabemos que la comida de avión no es Michelin, por lo cual, si algo nos sorprende (aunque sea mínimamente), nuestro cerebro lo valora más de lo que realmente merece.

La evolución de la comida a bordo

Más allá del pollo o la pasta

Durante años, los menús en clase económica giraban en torno a elecciones básicas como pollo con arroz o pasta con salsa. Sin embargo, con el aumento de la competencia entre aerolíneas y el creciente interés por la gastronomía, algunas compañías están apostando por opciones más creativas y sabrosas.

Ejemplos de esto incluyen platos con inspiración regional, ingredientes de temporada y colaboraciones con chefs reconocidos. Aerolíneas como Singapore Airlines o Turkish Airlines han invertido significativamente en mejorar la experiencia culinaria a bordo, incluso en las clases más económicas [según Forbes](https://www.forbes.com/sites/laurabegleybloom/2023/03/15/worlds-best-airplane-food/?sh=6795b65a366f).

La logística detrás del sabor

Pocos saben cuán complicado es servir comida caliente a 30.000 pies de altura. Estos platos deben prepararse en tierra, ser enfriados y luego recalentados a bordo con aparatos de cocción limitados. Además, todo debe conservar su textura, sabor y seguridad alimentaria en el proceso.

Por si esto fuera poco, deben tener en cuenta restricciones dietarias, duración del vuelo, capacidad de almacenamiento y tiempo de servicio. Habrá fallos, sí, pero el esfuerzo detrás es inmenso. Y cuando algo sabe bien, se siente como una pequeña victoria culinaria a gran altitud 🍽️.

¿El veredicto final? Comer en el avión es una experiencia sensorial completa

Aunque muchas veces los platos a bordo no sean memorables por su sabor, la combinación de ciencia, emociones y el entorno hace que disfrutarlos sea casi inevitable. Incluso las galletas empaquetadas, el panecillo tibio y el jugo de manzana tienen un sabor especial cuando los consumes mientras ves por la ventana las nubes pasar 🌥️.

Consejos para disfrutar más la comida en vuelo

Si eres de los que disfruta cada detalle, aquí algunos tips para potenciar tu experiencia gastronómica en el aire:

  • Evita comidas saladas antes del vuelo: Estarás más sensible a los sabores naturales.
  • Opta por platos con umami: Como carnes, tomates o champiñones, tienden a saberse mejor en vuelo.
  • Bebe suficiente agua: La deshidratación afecta negativamente el gusto y el bienestar general.

En resumen…

Disfrutar de la comida de avión —incluso cuando es mediocre— no tiene nada de raro ni está mal. Tiene sentido desde una perspectiva fisiológica, emocional y hasta cultural. Mientras más entendemos el contexto que rodea esa bandeja metálica, más valor le damos a esos pequeños placeres del viaje 🧳.

Así que la próxima vez que te quejes del arroz recalentado o del postre envasado, piensa en todo lo que sucede detrás de escena y dentro de ti para que ese «simple» almuerzo a 10.000 metros de altura te arranque una sonrisa.

¡Buen viaje y buen provecho! 🍴✈️

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