La situación de los océanos llegó a un punto límite. En una decisión histórica, la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) aprobó la prohibición total del comercio internacional de la mantarraya, el tiburón ballena y el tiburón oceánico de puntas blancas, tres gigantes marinos cuya supervivencia estaba seriamente comprometida. El acuerdo, respaldado por más de 170 países, refleja la gravedad del deterioro marino en 2025.
Estas especies no solo son emblemáticas por su tamaño y majestuosidad, sino también por su rol clave en los ecosistemas oceánicos. La presión de la pesca industrial, las capturas accidentales, el tráfico ilegal y la degradación de hábitats llevaron a una disminución alarmante de sus poblaciones, obligando a tomar una de las medidas más firmes de los últimos años.

La mantarraya y el tiburón ballena fueron incorporados al Apéndice I de CITES, la categoría de máxima protección, reservada únicamente para especies en riesgo extremo de extinción. Esta inclusión implica la prohibición absoluta de su comercio con fines comerciales. En el caso del tiburón oceánico, su incorporación requirió una votación clave que finalmente reconoció su estado crítico en mar abierto, donde se convirtió en una de las especies más capturadas de forma incidental.
Más allá de estas prohibiciones, la conferencia dejó en evidencia el estado frágil de otras especies marinas. Peces guitarra y peces cuña permanecen en el Apéndice II, pero con una medida contundente: cuotas de exportación iguales a cero para ejemplares capturados en estado silvestre, lo que en la práctica frena casi por completo su explotación. Algo similar ocurre con el cazón y el quelvacho, tiburones cuya regulación busca evitar el colapso definitivo de sus poblaciones.
Sin embargo, no todas las propuestas prosperaron. La iniciativa para incluir a todas las especies de anguila en el Apéndice II no alcanzó consenso, pese a las advertencias científicas sobre su fuerte declive global. También hubo resultados parciales con los pepinos de mar, donde solo una especie logró mayor protección, dejando a otras aún expuestas a la sobreexplotación.
La conferencia de CITES también puso el foco en especies vegetales. La palma chilena, uno de los árboles más longevos y emblemáticos de Chile, fue incorporada al Apéndice I debido a su crecimiento extremadamente lento y a la pérdida de su hábitat. Además, varias palmas y especies de aloe quedaron bajo regulación en el Apéndice II, anticipándose a un posible colapso futuro.

La prohibición del comercio mundial de mantarraya, tiburón ballena y tiburón oceánico va más allá de la protección de tres especies carismáticas. Representa un intento urgente por preservar el equilibrio de los ecosistemas marinos, donde estos animales cumplen funciones esenciales como reguladores de poblaciones y indicadores de la salud del océano.
En un contexto marcado por la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento global, la decisión de CITES funciona como una advertencia clara: incluso las especies más imponentes pueden desaparecer si la explotación supera los límites naturales. La pregunta que queda abierta es cuántas otras especies necesitarán llegar a este punto crítico para que se tomen decisiones igual de contundentes.




